Duelo carnavalero bajo el sol de Vilanova

La Voz VILANOVA / LA VOZ

AROUSA

El Momo, que era Maduro, reunió en la localidad a unas 30.000 personas

23 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Había pistas, pero no fue hasta este domingo, bien pasadas las cinco de la tarde, cuando se desveló el misterio: el personaje elegido en Vilanova para despedir el entroido de este 2026 era Nicolás Maduro. Vestido con el traje naranja de los presidiarios, el muñeco del venezolano giraba a diestra y siniestra con un movimiento casi hipnótico y una sonrisa un tanto siniestra en el rostro. No podía ser de otra manera: esposado, metido en una jaula y condenado al fuego, bastante era con que lograse componer una sonrisa fija. En su carroza viajaba la orquesta de pega Nova Vila, «que acaba de chegar de Tenerife» y que supone un claro ejemplo de la diferencia que puede haber entre lo que pides por Internet y lo que finalmente te llega. Son palabras de Xacobe Pérez, que un año más actuó como presentador de un evento que llenó las calles de Vilanova de color. Y de calor: la tarde, soleada y tibia, animaba a disfrutar de la fiesta.

Y vaya si se disfrutó. En el desfile había apuntadas más de 1.800 personas dispuestas a pasárselo en grande y, mirándolas, unas 30.000 más, según la Policía Local. Baste decir que en los aparcamientos disuasorios no cabía un alfiler y que por la pasarela de O Terrón desfilaba una cola interminable de gente dispuesta a ocupar su sitio en la fiesta. Entre ellos, unos cuantos Trumps que parecían dispuestos a ajustar cuentas con Maduro bajo el sol de Vilanova. Afortunadamente, había también un buen servicio policial de pega: un agente con el uniforme no demasiado bien logrado dirigía el tráfico, afortunadamente parado, al más puro estilo rafaeliano. «Qué diablos —debía pensar— esta puede ser mi gran noche».

El buen humor imperaba en una Vilanova que quiso despedir el entroido como siempre, por todo lo alto. No fue la única localidad arousana que se despidió ayer de Don Carnal: en Carril enterraron la sardina en el transcurso de un sepelio que reunió a autoridades de mentirijilla, igual que en Cambados, donde aprovecharon la fiesta para hacer algo de crítica política y alimentaron las llamas del fin de fiesta con el reglamento de ordenación de la pesca que trajo por la calle de la amargura a la flota de bajura de las Rías Baixas —y de toda la costa española en general— hace unas semanas.

En Catoira, la tarde fue para los choqueiros, las comparsas y las máscaras que salieron a desfilar por las calles de la villa vikinga. Y en A Illa, el broche de oro lo puso el festival de comparsas, que se celebró en el auditorio. El Concello isleño aprovechó el domingo para hacer balance de unos días de celebración que han dejado un buen sabor de boca. Y es que todo funcionó, según explicó el teniente de alcalde Manuel Suárez (BNG), a la perfección: se implicaron los trabajadores municipales, se implicaron las comparsas, se implicaron las empresas, se implicó la ciudadanía, y entre todos construyeron un entroido participativo y alegre en el que los de casa y «os de fóra» disfrutaron.