La librería que también vende elepés

Antonio Garrido Viñas
antonio garrido VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Fernando Pereira, con algunos de los vinilos que tiene a la venta en la librería Waldina
Fernando Pereira, con algunos de los vinilos que tiene a la venta en la librería Waldina MARTINA MISER

En Waldina, Fernando se ha subido al tren de los vinilos de segunda mano

22 ene 2026 . Actualizado a las 20:40 h.

Fernando Pereira lleva años demostrando que la supervivencia del pequeño comercio cultural pasa por la intuición, la cercanía y una buena dosis de curiosidad. Propietario de la librería Waldina, en Vilagarcía, el librero que en 2020 relataba en La Voz de Galicia cómo sus libros «salieron a ver mundo» vuelve ahora a reinventarse: entre periódicos, revistas y libros han empezado a convivir, con naturalidad, cajas de vinilos.

La historia, como casi todo en Waldina, no nace de un gran plan estratégico, sino del trato diario con la gente. «Mi madre empezó con Estefanía, Keith Luger y todo aquello. Probó, y funcionó», recuerda. Con la música ocurrió algo parecido. Los discos llegaron casi por casualidad, a partir de una conversación y de una afinidad compartida. Pereira, viejo conocido del ambiente musical local —pinchadiscos en guateques en el Gato Negro o en la mítica sala Chanteclair— encontró en los vinilos una prolongación natural de su manera de entender la cultura. Tiene decenas de entradas de conciertos míticos a los que ha ido colgadas en la pared de la librería y cuando detecta que alguien es muy fan de la música lo mete en conversación. Y ahí surgió la oportunidad con una persona que vive en Madrid, pero que cada uno o dos meses regresa a Vilagarcía «Empezamos a hablar de música y me dijo que tenía cientos de elepés y que si quería me dejaba alguno en la tienda para ver si lo vendía», recuerda Fernando.

Lo que llegó primero fueron títulos conocidos, artistas clásicos, material bueno. Después, el goteo se convirtió en rutina. «Empecé a vender y ya empezó a traer más. Ahora cada poco me trae cositas», dice. El catálogo es tan variado como el público: discos desde 6 u 8 euros hasta piezas más cotizadas, como Frank Zappa o Dire Straits, que alcanzan los 22 o 28. «También me trajo uno de Bibiano, de coleccionista, porque se editaron solo 100 y no hubo reedición. Lo vendí por 25 euros y no era caro», explica.

Waldina no es una tienda de paso rápido. Pereira insiste en la misma filosofía que aplica a los libros: tiempo y calma. «A la gente le digo: venid con tiempo. Para mirar, claro. El que viene, normalmente pica». Muchos compradores son clientes habituales de la librería, otros llegan atraídos por las redes sociales. «Ahora, con Facebook e Instagram, la gente lo va viendo y con eso se da a conocer un poquito más», explica. El resultado es un espacio híbrido, donde la conversación importa tanto como el producto. Pereira envía fotos de los discos vendidos a su proveedor, reserva ejemplares a clientes fieles y mantiene una red informal de intercambio y renovación constante del material.

A dos años de la jubilación, lejos de acomodarse, el librero sigue buscando estímulos. «Hay que reciclarse, hay que buscar cosas», resume. Como ya hizo cuando los libros de Waldina salieron a recorrer el mundo, ahora los vinilos encuentran su sitio en una librería que se resiste a ser solo una librería. En Waldina, la cultura sigue girando. Y a buen ritmo porque, en una mañana desagradable por la lluvia como la de ayer, volaron al menos dos elepés: uno de Johny Winter y otro de Eagles.