Las sardinillas de David Beckham

José Ramón Alonso de la Torre
J.R. Alonso de la torre EL CALLEÓN DEL VIENTO

AROUSA

MARTINA MISER

Las conservas selectas elaboradas en Arousa se han convertido en un placer para los gourmets

14 mar 2022 . Actualizado a las 20:13 h.

La ensaladilla de mi madre es la mejor. Las ensaladillas de todas las madres son las mejores. Esta afirmación y esta creencia marcan nuestros gustos gastronómicos de manera enfermiza, llevándonos a pedir ensaladilla en cuanto nos la ofrecen en un menú del día. En realidad, no la pedimos por gusto, sino por memoria: buscamos encontrar la ensaladilla materna, pero nunca la encontramos porque cada madre tiene su truco y en los restaurantes desconocen ese secreto. La de la mía, por ejemplo, es el bonito en conserva que ella prepara cada verano.

No sé dónde ha aprendido mi madre a hacer conservas de bonito si nació en un pueblo fronterizo con Portugal situado a 200 kilómetros del mar en línea recta. Pero lo cierto es que las borda y nos ha marcado con una querencia muy acentuada hacia los productos en conserva. Mi padre no sabe hacerlas, pero también está marcado por ellas desde que en la Guerra Civil sació su hambre con latas de carne.

Sucedió en Borines, un pueblo asturiano perteneciente al concejo de Piloña donde mi abuela era maestra. El ejército republicano había ocupado la aldea y había instalado el puesto de mando en la escuela de mi abuela. Además, en la huerta, habían excavado y habilitado un almacén para las provisiones. Cuando llegaron las tropas de Franco por el monte Sueve, el valle del Tarna y lo que hoy es el parque natural de Redes, los soldados del ejército de la República tuvieron que huir a toda pastilla. Con las prisas, no se pudieron llevar las provisiones y mi padre y sus hermanos se pegaron unos banquetes inolvidables a base de latas de conserva de ternera y de pescado.