El Atlantic Fest supera con nota y máximo respeto su edición más difícil

carlos crespo VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

ADRIÁN BAÚLDE

Siete mil personas asistieron a los quince conciertos realizados en los cuatro escenarios de Vilagarcía

27 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

«El haber sido conservadores en nuestro planteamiento ha sido lo que nos ha permitido sacar el Atlantic adelante», confiesa un Antonio Caneda relajado y satisfecho, después de 18 días de festival. Y no le falta razón. El Atlantic Fest se ha desarrollado en su integridad, desde la primera jornada hasta la última, con Vilagarcía sometida al nivel alto de restricciones, lo que ha conllevado no pocos condicionantes para sus organizadores.

«Aun así el balance es muy positivo. Sobre todo por el comportamiento de la gente», añade un Caneda que se deshace en elogios respecto a la actitud y el respeto manifestado por las más de siete mil personas que asistieron a los quince conciertos del festival. «Concretamente fueron 7.101», apunta con matemática precisión.

Desde el punto de vista artístico, también asoma la satisfacción en el gesto de los promotores del festival vilagarciano. «Era un cartel muy variado, que tocaba todos los palos y que mantenía la línea del festival. No creo que nadie se haya podido sentir defraudado». Y efectivamente, así ha sido. Obviada la condición sobrevenida de solo poder hacer uno o, máximo, dos conciertos al día, si uno coge la nómina de grupos y artistas del Atlantic 2021 bien podría configurar el cartel de una edición «normal» del festival. Con representación de algunos de los inevitables grandes clásicos del indie patrio (Lori Meyers, Sidonie, La Habitación Roja, Dorian, Chucho, Second), con algunos de los que están a punto de alcanzar esa condición (León Benavente, Zahara, Depedro, Anni B Sweet, Rufus T. Firefly), con figuras emergentes de la escena alternativa (Derby Motoreta's Burrito Kachimba, María José Llergo) y algunas de las voces gallegas que más interés despiertan en la actualidad (Ortiga, Verto, Mounqup).

Quien más quien menos cumplió con las expectativas, si bien en las primeras páginas del libro de recuerdos de esta edición quedarán la desbordante y emotiva intensidad de Zahara, el festivo desenfado de Sidonie, esa apisonadora sonora que hoy son León Benavente, la empatía mestiza de Depedro o esa sutil y delicada belleza que transmitió en todo lo que hizo María José Llergo.

Dejó también el Atlantic 2021 la constatación de ese feliz descubrimiento como espacio de conciertos del pinar de la playa de A Concha. Con espectaculares atardeceres de natural decorado y el abrigo de la arboleda como acogedor refugio. Como supuso también la prueba definitiva de que no es la plaza de A Peixería -y aún menos ahora, tras haber sido acristalada- un recinto apropiado para acoger este tipo de actuaciones musicales.

Superada con más que aceptable nota la difícil prueba de salvar esta edición -y prueba de ello es que el Atlantic se va a situar entre los dos o tres festivales de más entidad de los que se hayan celebrado en Galicia este año-, toca pensar en la de 2022. «Esperamos que ya puede ser una edición como las de antes y que podamos recuperar el proyecto que teníamos cuando regresamos a Vilagarcía», comenta Antonio Caneda. «En primer lugar, claro, porque simplifica la producción pero también porque con ese formato podemos generar más retorno para Vilagarcía». Lo cual, es cierto, tampoco es una cuestión menor.