La desesperación lleva al comercio arousano a abrazar el Black Friday

Crece el número de locales que se suman a otra campaña de descuentos: «Necesitamos vender con urgencia», dicen


vilagarcía / la voz

El viernes negro apareció hace unos años en nuestro calendario comercial como una maldición importada. Arrastradas por las grandes cadenas, las pequeñas tiendas que jalonan nuestras calles secundaron sin ganas esa nueva jornada de descuentos y rebajas. Luego se produjo una revolución: conscientes de que compitiendo en precio siempre iban a perder, muchos optaron por decir no al Black Friday y declararse en rebeldía. Pero aquellos días han pasado. En este año negro para el comercio detallista, el viernes negro ha sido abrazado incluso por sus más acérrimos enemigos por pura desesperación. «La gente necesita vender. Necesita vender con urgencia», dice Rocío Louzán, presidenta de Zona Aberta.

En la capital arousana, los carteles que anuncian descuentos asaltan a los potenciales compradores desde casi todos los escaparates. Muchos no hablan de un viernes negro, sino de una semana negra, o incluso de todo noviembre. Los descuentos varían: del diez al cincuenta por ciento. Pero ni con esas aumenta el trajín en las tiendas. «Está todo muy parado», cuentan desde Vilagarcía, desde Cambados, desde O Grove. En la capital arousana y en la villa del Albariño, el cierre perimetral está pasando factura. «Si había quien pensase que podíamos vivir sin la gente de Caldas, de A Illa, de Pontevedra, ahora ya le habrá quedado claro que no es así», razona Rocío Louzán. En Cambados también echan de menos a sus clientes de Ribadumia, de Meis... «El cierre perimetral va a hacer que el tirón del Black Friday sea poco», señalaba ayer Juan Rey, de Zona Centro.

Que la hostelería esté cerrada tampoco ayuda al comercio: todo lo contrario. «Si la gente no tiene dónde ir, si no puede salir a comer, ni a tomar un café... ¿Para qué se va a comprar ropa?», plantean resignadas las dependientas de algunas tiendas de las calles más céntricas de Vilagarcía. Y ese argumento encuentra eco en O Grove. «Ni aunque regales las cosas», ironizaba ayer una comerciante meca. «Noviembre siempre es un mal mes, pero este año está siendo mucho peor. La gente ya no piensa en términos de ganar, sino de sacar lo justo para poder aguantar», razona María Gómez, gerente de Emgrobes.

Ni esta asociación, ni Zona Centro, se han sumado al Black Friday. «Estamos trabajando en nuestras propias campañas, pero es comprensible que la gente, viendo lo crítica que está la situación, haya decidido sumarse este año. De hecho, hay más comercios que nunca», señalan desde Emgrobes. Hay más que nunca, y de más sectores. «Peluquerías, joyerías... Sectores que hasta ahora no se habían sumado a esto, este año sí lo han hecho». Lo explica Rocío Louzán, quien indica que Zona Aberta sí ha elaborado cartelería anunciando el «noviembre negro» a petición de una amplia mayoría de sus socios. «Nosotros entendemos que este tipo de cosas son pan para hoy y hambre para mañana, pero entendemos que nuestros socios están desesperados por conseguir deshacerse del stock y tenemos que apoyarlos», relata. «Los comerciantes quieren quedarse con la menor cantidad de mercancía posible para las rebajas, porque nadie sabe lo qué va a pasar y parece que ya nos están preparando para una tercera ola».

Una de las tesis de quienes no ven con buenos ojos el Black Friday es que «estamos acostumbrado a los consumidores al descuento», y los comercios pequeños no pueden sostener los descuentos permanentemente. Ese temor ya se está haciendo realidad. En varios comercios de ropa y calzado de Vilagarcía, quienes atienden al público comienzan a cansarse de escuchar «que en la tienda de no sé dónde le hacen más descuento», comentan con cierto hartazgo en la voz.

«A lo que aspiramos es a aguantar»

«Siempre con la mejor sonrisa». Así sigue atendiendo Alicia Rodríguez a todo aquel que entra en la zapatería Yosu, en la calle Castelao (Vilagarcía). En el escaparate, los carteles anuncian suculentos descuentos. Pero ni siquiera eso consigue imprimir un mayor movimiento a la caja registradora. «Dicen que el comercio está abierto. ¿Abierto? Tenemos las puertas abiertas, pero en realidad estamos cerrados, porque no entra nadie». Alicia es la de las que echan de menos a clientes de otras localidades, «porque solo de los de Vilagarcía no vivimos; no vive ningún comercio del pueblo». «A lo que aspiramos este año los comercios es a aguantar. Llevamos todo el año fatal, y hay sectores que pueden afrontar mejor esta situación, y otros que lo tenemos más difícil. Las tiendas de ropa y calzado somos de los segundos», señala. Y es que siguen teniendo que hacer grandes inversiones en mercancía que no acaba de encontrar salida. En ese mismo sentido se expresan otras comerciantes locales. Algunos consideran que la situación fue mejor durante el confinamiento total. «Por lo menos entonces había ayudas. Ahora estamos cerrados con la puerta abierta».

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