La defensa de la sanidad pública ahoga el discurso de Vox en Vilagarcía

Los manifestantes contra los recortes sanitarios despidieron a Espinosa de los Monteros al grito de «escanos cero» y «Castelao está vivo» de la plaza de Galicia en la que ambas convocatorias confluyeron


Vilagarcía / La Voz

Cierto que quienes todos saben desplegaron tácticas muy similares en la Alemania de entreguerras hasta que consiguieron llevarse por delante la república de Weimar y pasó lo que pasó. Pero, en realidad, no hace falta irse tan lejos en el tiempo para encontrar precedentes de este tipo de actitudes. En el barrio, era frecuente que los más broncas enviasen al esmirriado de la pandilla por delante. Si te provocaba y lo ponías en su sitio, el resto tenían la excusa para irse al ataque, montar el lío y aún encima echarte a ti la culpa.

Esta tarde, en Vilagarcía confluyeron una concentración en defensa de una sanidad pública robusta y bien dotada, autorizada hace diez días, y el mitin que Iván Espinosa de los Monteros encabezaba para la causa de la ultraderecha y fue aprobado el martes. Cosas de las competencias divididas entre la Subdelegación del Gobierno y la junta electoral de zona. El Concello trató de aplicar la estratagema del tú mirando al dentista y yo a la sucursal bancaria. En otras palabras, organizó la ocupación de la plaza de Galicia de forma que los asistentes a una y otra convocatoria se diesen la espalda. Poco antes de empezar, cuatro chavales se arrimaron a la gente del sindicato Prosagap de profesionales sanitarios para enarbolar sus banderas de España. «Solo falta Manolo el del Bombo», vociferaba uno de ellos. Si querían algo, nada obtuvieron. Nadie les hizo caso y optaron por marcharse al rincón que ocupaba Vox, más o menos una cuarta parte de la plaza.

Un despliegue policial como no se recordaba en la ciudad desde el conflicto de los depósitos de Ferrazo rodeaba a los de verde, sacándole al más pintado cualquier mala idea de la cabeza. Los sanitarios iniciaron su larga ronda de intervenciones subrayando la «penosa situación» del sistema público «antes, durante e tamén despois do covid». Uno tras otro, denunciaron la política de recortes y el encadenamiento de contratos que atribuyen a la gestión del Partido Popular desde la Xunta, frente a una nutrida representación del conjunto de las fuerzas de la izquierda. Sus aplausos y consignas ahogaron el arreón inicial del candidato de Vox por Pontevedra, Antonio Ramilo, que sabía a lo que iba y trató de calentar el ambiente, aunque pocos de quienes se reunían al otro lado de la plaza se tomaron la molestia de seguir sus palabras.

Todo cambió con la irrupción del portavoz de Vox en el Congreso. Espinosa de los Monteros es un especialista en lo suyo, y comenzó arremetiendo contra «los cachorros del coletas y del nacionalismo» para a continuación darle a todo lo que se movía. A Feijoo, al BNG, a Podemos, al PSOE, a quienes, por lo visto, engloba sin distinción en la categoría de progres. A partir de ahí se sucedieron los aplausos, los silbidos y los coros en torno a la «sanidade pública», que sofocaron los esfuerzos del cabecilla de Vox por hacerse oír más allá de lo que imponía su megafonía. También las acusaciones de «fascistas» e insultos de trazo mucho más grueso, ante los que el hombre hinchó pecho. Algún nervio, no obstante, debió de traicionarle cuando se había dirigido a los presentes como vecinos de «Villagarcía de Arosa», pero dudó al enunciar la situación de la central térmica de Endesa, a la que acabó refiriéndose como el problema de «As Pontes».

Como la concentración por la sanidad concluyó minutos antes que el mitin, muchos de sus asistentes se volvieron hacia la gente de Vox para abuchearlos sin contemplaciones. La presencia de los agentes, que no estaban para bromas, evitó que la cosa fuese a mayores. Ni siquiera cuando dos mujeres de bandos enfrentados se encontraron en el centro de la plaza, es de suponer que no para cruzarse halagos, precisamente. La inesperada irrupción del tren turístico del puerto y sus campanadas rebajó el nivel de tensión, y Espinosa fue despedido con voces de «cero escanos», «Castelao está vivo» y  «vai traballar» después de que la cortinilla que utiliza su partido, el himno español, fuese respondida con las primeras estrofas del himno galego. El portavoz se marchó escoltado pero sonriente, satisfecho y desafiante. Para situaciones como esta, el barrio también tenía una solución: bastaba con ignorar al canijo chulito aquel. Siempre era lo más inteligente.

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