Escribir en tiempos de pandemia

el callejón del viento J.R. Alonso de la torre REDACCIÓN / LA VOZ

AROUSA

ALBERTO LÓPEZ

El confinamiento inspira mucho, ahora con el coronavirus y en 1918 con la gripe española

31 mar 2020 . Actualizado a las 11:16 h.

Los primeros días, las noticias, reportajes, artículos de opinión y crónicas relacionadas con el coronavirus se mezclaban con las informaciones políticas, deportivas y culturales sobre otros temas, pero a medida que la cuarentena ha ido convirtiéndose en el eje de nuestras vidas, la pandemia se ha apoderado de la información hasta el punto de que si aparece una noticia que no trata de la plaga y sus consecuencias, parece una rareza, casi una excentricidad. Sin competiciones deportivas, sin actividades culturales, sin la posibilidad de ir a un restaurante y con los políticos centrados en la lucha contra la epidemia y confinados en su casa, escribir sobre algo que no sea el coronavirus y los nuevos hábitos de vida que nos ha traído es casi imposible.

Nunca una enfermedad había conseguido llenar tantas páginas. Miles de periodistas de toda España, de gran parte del mundo, escriben desde sus casas teniendo como tema el Covid-19 y sus consecuencias. A veces, en algún periódico, un columnista protesta y asegura que no escribirá sobre la enfermedad que nos confina y obsesiona porque eso es lo previsible y él prefiere ser original y opinar sobre temas que nadie espere, sobre cuestiones variadas que demuestren que hay vida más allá del virus.

Pero no, nada de nada, intento fallido. Un par de intentos y descubre cómo desaparece de los ránkings de lo más leído y ni su familia le comenta su última originalidad literaria. Estamos encerrados con una sola obsesión y nuestro interés absoluto es informarnos sobre el coronavirus y la cuarentena, sobre sus consecuencias, sus anécdotas, sus variables, sus cifras, sus historias entrañables y su lado maldito.

Las noticias deportivas tratan sobre jugadores que regresan a sus países, entrenan en sus casas o sufren un ERTE. Las informaciones culturales están centradas en ofrecernos una guía de películas, libros, cómics, videojuegos y webs de museos para disfrutar encerrados. La sección de economía viene repleta de especulaciones sobre el alcance de la temida recesión que se avecina. Los meteorólogos detallan estudios científicos que sostienen, o no, la influencia de la humedad y el calor en la propagación del virus y en las páginas de sucesos, se suceden las noticias sobre señoras que pasean perros de peluche o sobre ese señor que sacó a pasear su aspiradora, historia real sucedida en Plasencia.

Todo es coronavirus y si pretendes ser distinto al escribir, te estrellas. Es lógico, nunca habíamos vivido algo así. Nos sentimos protagonistas de una película de ciencia ficción cada vez que bajamos a comprar el pan y La Voz y nos gusta que nos la cuenten. Parecería un empeño imposible esto de escribir todos los días sobre un virus y sus consecuencias, pero lo cierto es que miles de periodistas lo están haciendo. Este confinamiento y la pandemia que lo ha provocado nos mantienen en tal tensión emocional que la inspiración aparece sola, no hace falta llamarla.

Al principio del aislamiento, pensé que, como al escribir en prensa, tengo permiso para moverme por las calles, saldría a caminar y a tomar notas para contar historias. Pero no, cuarentena absoluta. Tras hacer una compra abundante, solo bajo a por el pan y el periódico. No hace falta salir de casa para redactar. No sé cómo, pero basta el balcón para recoger el pulso informativo y escribir cada día sobre lo que está pasando. La mayor parte de los periodistas están confinados en sus casas, pero las llamadas telefónicas, los wasaps y las conversaciones múltiples por zoom permiten entender el pálpito de millones de españoles encerrados, ya sea en Vilagarcía de Arousa, ya sea en Villanueva de la Serena.

También durante el mes de marzo, pero de hace 102 años, exactamente en 1918, se extendió por España y Europa otra pandemia que provocó cuarentenas. Aquella enfermedad se llamó de manera impropia gripe española pues realmente la trajeron a Europa unos soldados norteamericanos que desembarcaron en Francia. En China, señalan también ese origen para lo que Trump llama el virus chino: soldados norteamericanos de maniobras, aunque allí no aportan pruebas y el origen de la gripe española sí está comprobado.

Durante ese mes de marzo de 1918, en la localidad gerundense de Palafrugell, un joven escritor llamado Josep Pla empezaba el día 8 un diario que luego se convertiría en libro: El Cuaderno Gris. Este era el primer párrafo: «Como hay tanta gripe, han tenido que cerrar la universidad. Desde entonces, mi hermano y yo vivimos en casa, en Palafrugell, con la familia. Somos dos estudiantes ociosos».