El chachachá de los domingos

José Ramón Alonso de la Torre
J.R. Alonso de la torre REDACCIÓN / LA VOZ

AROUSA

MÓNICA FERREIRÓS

La discoteca La Luna sigue atrayendo los fines de semana a centenares de arousanos

08 dic 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

«Hay que vivir». Con esta máxima en el frontispicio del día a día y con la idea de pasarlo bien por encima de todo, la tercera edad vive una época dorada que comenzó en los 90 y se ha disparado en el siglo XXI. Nunca como ahora vivieron los mayores con tantas ganas y con tanto estrés por aprovechar todas las oportunidades. Excursiones, cenas, deportes, gimnasia, técnicas orientales para meditar y encontrarse a uno mismo, que si después de 80 años no te has encontrado aún, parece complicado descubrirte a ciertas edades, pero no por ello vas a dejar de intentarlo.

Y en ese camino de búsqueda de la felicidad, la diversión y la risa, sin complejos y con prisa, ahí, en esa ruta de la intensidad están nuestros mayores, bebiéndose la vida a tragos, sin perder el tiempo en sutilezas ni prejuicios. «Hay que vivir», es el mensaje a partir del que se construye un mundo para los mayores y se levanta una economía de la tercera edad que mueve millones.

Una anécdota sucedida a finales de noviembre en Pontevedra sirve como paradigma que resume este universo de la tercera edad. Un caballero de 65 años tuvo un pequeño accidente en una calle céntrica de la capital de la provincia. Los conductores iban a iniciar las diligencias para que intervinieran los seguros, cuando nuestro sexagenario se sintió poseído por un frenesí más propio de las adolescencia que de la vejez, se puso como una moto, alegó prisa inaudita, salió corriendo y se montó en su coche, salió pitando y desapareció del mapa dejando al otro accidentado compuesto y sin parte para el seguro.

El conductor perjudicado, al que el desaparecido había embestido por detrás, denunció el caso ante la policía, que inició un barrido por los alrededores de Pontevedra y descubrió el coche del huido en el aparcamiento de la discoteca La Luna. Una vez avisado y presente ante la autoridad, adujo un motivo de mucho peso para explicar su mutis del lugar de la embestida: iba a empezar la sesión de tarde en La Luna y por esta razón, él no podía demorarse ni un minuto más. Cual adolescente que corre hacia la disco, no vaya a ser que su pareja baile con otro si él no llega, el caballero conductor había escapado vertiginoso para salir a la pista con los primeros bailones de La Luna.

¿Pero qué es La Luna, por qué esta discoteca es capaz de nublar el entendimiento de un señor de edad provecta hasta el punto de ser perseguido por la policía? Pues bien, para resumir: La Luna es un emblema, un símbolo, una referencia, una experiencia adelantada a su tiempo, un fenómeno sociológico pionero en España y único cuando empezó. La Luna es una discoteca de carretera especializada en la tercera edad. La sala ha sabido conquistar el mercado, afianzarse en él y ser el eje de una ruta del chachachá que ha convertido las Rías Baixas en el paraíso de los mayores con marcha.

Las tardes de los domingos en La Luna son apoteósicas. La macrodiscoteca, situada en la vieja carretera nacional de Pontevedra a Santiago, ve llegar en la sobremesa cientos de coches y decenas de autocares desde cualquier punto de las rías, desde el interior de Galicia y desde el norte de Portugal. A principios de los 90, comenzó la experiencia. Si entonces triunfaba en Valencia la Ruta del Bakalao, ¿por qué no lanzar en Pontevedra la Ruta del Chachachá?

Dicho y hecho: los empresarios de discotecas se inventaron un horario del jubilado, de cinco de la tarde a once de la noche, y aquello fue un éxito inenarrable. La Ruta del Chachachá empezaba en Vigo, seguía por Redondela, Cerponzóns, Marín, Alba y Pontecesures. Bolero, Equus, La Luna... A la movida sénior se llegaba y se llega en coche, autocar o en tren, aunque empiezan a conocerse los primeros casos de blablacar, algo impensable en este tipo de público: cuatro euros desde la estación de Renfe de Vilagarcía hasta la discoteca.

Desde Vegadeo (Asturias), llegaba un bus a La Luna cada domingo. En el interior de la sala, 2.500 personas están aseguradas, aunque pueden llegar a 5.000. En el aparcamiento, caben hasta mil coches. Y, desde el primer domingo de 1991 hasta el último domingo de 2019, autobuses gratuitos unen La Luna con cualquier aldea de la provincia donde haya interesados en bailar.

Con el paso de los años, se han ido añadiendo novedades como televisores donde se retransmiten los partidos de liga, sorteos de cenas, viajes y electrodomésticos... En noviembre, llegaron a regalar una tonelada de castañas, y en Reyes y Pascua, mil kilos de rosca.

La entrada costaba 400 pesetas en el año 2000 y ahora anda por los 4 euros. Este 14 de diciembre tocará el Combo Dominicano y se espera lleno total, así que se repetirán las mismas escenas de hace veinte años: caballeros entrando en los lavabos con el pretexto de aliviarse cuando en realidad buscan un espejo donde atusarse con esmero, señores que dicen en casa que van al fútbol, pero prefieren La Luna al Celta, y hombres impacientes que prefieren huir de un accidente que han provocado y tener un encuentro con la Guardia Civil antes que quedarse sin el chachachá de los domingos.