Con Rivera Mallo, y con la fotografía en la que posó en 1999, tocado con un casco de obra, balón en mano, arrancó esta fototeca. Justo es que con él concluya
25 may 2019 . Actualizado a las 05:00 h.La cosa se acaba, amigos. Dos semanas y pico después del inicio de la campaña, el bacalao está fileteado y prácticamente repartido. Resta tomar asiento y meditar sobre el sentido que cada uno quiera imprimir libremente a su voto. O a la ausencia del mismo, naturalmente, aunque ya saben que las quejas a toro pasado de quienes se abandonan a la abstención tienen, no sé si es la mejor forma de expresarlo, el regusto agrio de la culpabilidad. Otra cosa es la papeleta en blanco. Pero, en fin, como en tantas otras ocasiones, esa es otra historia. Hoy toca hablar de reflexión. Y quien mejor practica tan noble arte a esta orilla de la ría es, sin duda, José Luis Rivera Mallo. Con él y con la fotografía en la que posó en 1999, tocado con un casco de obra, balón en mano, arrancó esta fototeca. Justo es que con él concluya, cómodamente tendido sobre el sofá que vestía la antigua sede de Independientes por Vilagarcía. Al creador de las enmiendas in voce aquella postura, retratada en el tramo final de la campaña del 2003, le pareció de lo más progre. Ningún problema. El amplio abanico con el que él mismo definía la posición ideológica de Ivil, «liberal conservador de centro derecha reformista, demócrata y cristiano», bien puede admitir otra muesca. Como los milenarios panteones de la religión hindú, que lo mismo guarecen a un niño con cabeza de elefante que a la lista completa de los profetas bíblicos bajo un idéntico halo de santidad.
Aunque ya no está en campaña, Rivera sigue atento. El miércoles asistió al debate que La Voz organizó en el Salón García, gesto que lo convirtió en el único político conservador presente en la sala. Cómo olvidar el mitin del Filipino, con su atril y la primera ronda por cuenta de don José Luis. O la arenga en la taberna de Castroagudín, antes o después de su gran rival, el socialista Javier Gago, pero siempre pagando un par de aguas minerales con un billete de cinco mil y dejando la vuelta. Así que sigan su ejemplo, voten por dentro y no se duerman. Ya saben que el sueño de la razón engendra monstruos.