El injusto caso de los pérmex de quita y pon

Obligadas a renovar su permiso cada año, las mariscadoras pueden quedarse sin él por la falta de un mínimo de coordinación entre Sergas, ISM y Consellería do Mar


vilagarcía / la voz

La semana pasada, una sentencia del juzgado de lo contencioso administrativo de Vigo sacaba los colores al ISM y a la Consellería do Mar. Las dos administraciones habían sido parte en el proceso que acabó dejando a Carmen Thomas, una mariscadora de Vilanova, sin pérmex. La mujer, que arrastra un conglomerado de enfermedades, había pasado un año de baja. Y tras ese tiempo, el ISM había decidido darle el alta a sabiendas, dice textualmente la sentencia, «de que su estado de salud no le permitirá desarrollar su trabajo, no ya en condiciones óptimas, sino en condiciones normales, para tras un breve pero intenso período de sufrimiento de salud en el desempeño de sus labores, volver a la situación de incapacidad temporal, y así hasta el infinito».

Como quiera que fuese, Carmen recibió el alta. Y durante los meses siguientes, alternó los días de trabajo y visitas al hospital, con las prolongadas ausencias de la playa. Eso hizo que no acumulase los días de trabajo exigidos para poder renovar el pérmex. Y en eso se basó la Xunta para negarle la renovación del permiso de explotación.

Ahora, por orden judicial, Carmen recupera su pérmex. Pero lo recupera tras un largo proceso que le ha provocado un desgaste emocional innecesario. Ella confía en que, al menos, todo lo que ha padecido sirva de alivio, de ánimo y de impulso a otras personas que se puedan encontrar en la misma situación en la que se halló ella. «Hai moita xente que vai arrastrándose a traballar por medo a perder o pérmex. Non hai dereito a iso», señala.

Carmen no es la única mariscadora que se ha tropezado, por culpa de una burocracia falta de empatía, envuelta en un proceso kafkiano. En A Illa, Herminia Díaz podría verse privada de su pérmex el próximo año si la Consellería do Mar no da marcha atrás en su decisión. Como en el caso de Carmen, el conflicto surge de la decisión del ISM de dar el alta a la mujer cuando había informes médicos que lo desaconsejaban. Ella decidió presentar un recurso contra esa decisión, y mientras este no se resolvió no fue a trabajar. Cuando le fue denegada la reclamación se reincorporó a la playa, pero ya no pudo cumplimentar las jornadas de trabajo y las ventas exigidas para renovar su pérmex.

Casos como el de esta isleña son más frecuentes de lo que parecen. En la cofradía de O Grove han tenido alguno, y como en San Martiño, en casi todos los pósitos han conocido de cerca casos muy parecidos a estos. Desde las oficinas de las cofradías consideran que el problema surge en función de quien interprete y aplique la norma. «Hai xente que entende a situación e non conta o tempo dos recursos, e hai quen vai pola letra da lei e retira os pérmex», señalan.

Un embarazo

Pero hay otros. La cambadesa Lucía Castro también sufrió en sus carnes las paradojas del sistema. En 2015, tras 16 años ejerciendo el marisqueo a pie «con seguro e cumprindo con todas as normas», esta mujer recibió la noticia de que no le iba a ser renovado su permiso de trabajo. ¿La razón? Que no podía acreditar ventas en lonja -y por lo tanto actividad- durante el 18 de febrero de 2014 y el 22 de mayo de aquel mismo año.

Pero es que, en aquellas fechas, Lucía Castro estaba embarazada. Acababa de salir de una baja por amenaza de aborto y decidió solicitar del ISM una prestación de riesgo durante el embarazo. Su petición se traspapeló, y entre idas y venidas, pasó algún tiempo antes de que le comunicasen que su petición había sido denegada. Ella reclamó, y esta vez le dieron la razón y le concedieron la prestación. Pero todo el tiempo perdido jugó en su contra. Y, cuando parecía que todo había acabado, se encontró con la sorpresa de que la Xunta no le iba a renovar el pérmex por no aportar ventas en los meses en los que estuvo, sin saberlo, de alta, subsumida en su particular viacrucis por el mundo de la burocracia.

Cuando recibió la sorprendente noticia de Mar, Lucía se convenció de que se trataba de un error. Pero pronto comprendió que no era así. Afortunadamente, al darse a conocer su caso se generó tal movimiento que la Xunta decidió revisar su postura y acabó concediéndole el pérmex que nunca debería haber estado en peligro.

Procesos largos y duros

Pero no todas las mujeres deciden plantar batalla. Unas acuden a trabajar a pesar del dolor y los informes de sus médicos para evitarse conflictos con el ISM y con Mar. Y hay, también, las que se resignan cuando les llega la noticia de que han perdido el permiso de trabajo. Alberto Muñoz, abogado especializado en estos casos, reconoce que estos procesos son largos y suelen dinamitar el ánimo de las mariscadoras. Pero denunciarlos es el único camino, apunta, para acabar con una injusticia flagrante en la seca.

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