«Pancarteando» bajo la lluvia

Antonio Garrido Viñas
antonio garrido VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

MONICA IRAGO

Las noches de pegada electoral ya no son lo que eran, pero aún quedan románticos del politiqueo que las disfrutan por todo lo alto. Nos montamos en uno de los coches del PSOE para vivirla en primera persona

11 may 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Las noches de pegada de carteles electorales se parecen cada vez más al discurso navideño del rey. Un evento colocado en el calendario que sí, está ahí y se sigue haciendo, pero al que cada vez se le presta menos atención Son un trago a pasar antes de comenzar la jarana de verdad. Algo para muy frikis de lo suyo, pero que es verdad que aún conserva sus adeptos.

Son las once de la noche del jueves. Un par de chavales hacen el parvo en la rúa Castelao lanzando vivas a Franco bajo la sede del PSOE. Ante el portal, una repartidora de bocatas duda en si entrar o no. Sabe que tiene que ir a uno de los entresuelos, pero no tiene muy claro para quién es el pedido. No hay muchas dudas de cuál será su destino. Parte de la tropa socialista ha llegado hace poco de la presentación de la candidatura de Meaño y conviene llenar el estómago ante una noche que se presume larga y húmeda.

Hay movimiento en la sede socialista de Vilagarcía. En un pizarra en la pared está el planning de actos para la campaña; sobre la mesa, una bolsa llena de pulseritas rojas con el nombre de Alberto Varela. Las pulseritas son ahora lo más in en el marketing electoral y conviene estar bien pretrechado de ellas porque no aguantan mucho trote. Hay banderolas y carteles apoyados en la pared. La cola también está preparada. Seis litros de agua por cada envoltorio y hay que agitarla mucho «casi como si quisieras ponerla a punto de nieve».

A las doce menos veinte toque de corneta para poner rumbo a la avenida de A Mariña, donde están situadas las vallas para colgar los carteles. Antes de partir, Julio Torrado da unas últimas consignas y arranca luego esa miniprocesión. No hay cánticos ni proclamas durante el camino. Algún chiste, si acaso, pero poco más.

Los cánticos

A la llegada a la avenida de A Mariña los socialistas ven de lejos que ya están allí los populares. También han llegado los de Ciudadanos, que portan globos de color naranja y van un poco a su aire. Es una noche de pegada igual, pero diferente por la decisión de la junta electoral de zona de prohibir la colocación de carteles al PP. Todos están juntos, pero no revueltos.

A menos cinco la cola comienza a desplegarse sobre las vallas y a las doce en punto los candidatos empiezan a pegar sus carteles. No están todos, los de Marea da Vila han decidido arrancar la campaña en Vilaxoán. Hay cánticos. Suenan clásicos como el «de Bamio a Aralde, Alfonso alcalde», pero también un nuevo éxito: «Alberto os calla, contadlo en una valla», muy jaleado en las filas socialistas. Los populares intentan contraatacar con «Pinocho solo hay uno», pero se queda en un tímido intento. Y llega luego la sorpresa, con el PSOE reproduciendo en un cartel la decisión de la junta electoral de zona de Cambados sobre la publicidad electoral del PP.

A las doce y diez todos a los coches. Nos montamos en el «Comando Pancartas» con Carlos, Fran y Julio. No conviene perder tiempo porque en los pasos elevados no hay regulación. Quien antes llega tiene ventaja.

El primer destino es Bamio. Allí quedan restos de la pancarta que habían colocado los socialistas para las generales y que alguien cortó. «Cuidado al colocarla por el viento», advierte Fran. Y lo cierto es que el viento aprieta y la lluvia comienza a pasar de ser incómoda a molesta. Colocan las dos primeras con rapidez. Se nota que hay maña.

Fontecarmoa es el siguiente destino, pero antes deciden pasar por Carril para ver si los carteles que han colocado otro de los comandos del PSOE siguen allí o alguien se ha preocupado ya de romperlos. Parece increíble, pero cuentan en el coche que la repegada, es decir regresar a la noche siguiente para reponer los destrozos que causan los demás, es uno de los clásicos de las campañas electorales.

Todo en orden

En Carril está todo en orden y avanzamos hacia Fontecarmoa. A la llegada comprobamos que el BNG se ha adelantado. Toca colocar las pancartas en el hueco disponible y surge la discusión sobre qué lado es mejor para que los conductores de los vehículos las vean con más facilidad.

Zamar es el siguiente destino. No es fácil llegar a ese paso elevado, pero el conductor conoce bien el camino. A esas alturas de la noche es el Comando Pancartas, el nuestro, el que va más retrasado. Los demás ya han acabado. La lluvia arrecia de verdad y empezamos a pensar que lo de las pancartitas está bien, pero ya está comenzando a perder la gracia. La sensación no es unipersonal. Allí mismo deciden que hasta aquí hemos llegado y que hay más días que longanizas. Ha sido una hora justa.

Falta, de todas formas, una última parada para concluir la jornada. Una cerveza en el Miudo sirve para hacer balance de la noche y para contar alguna anécdota, que la cola, a veces, es muy traicionera.