La conexión invisible que lleva al patrimonio gallego hasta Cincinnati

Una asociación de radioaficionados contacta con todo el mundo desde monumentos de O Salnés y del Ulla


valga / la voz

Lugar de Setecoros, Valga. Desde el atrio de la iglesia vemos a un cirujano preparado para operar cruza la silenciosa aldea. ¿Un cirujano? Sí, sí, han leído bien. Un cirujano con mascarilla y todo al que, no nos queda otro remedio, seguimos hasta la terraza cubierta del pequeño centro social de este rincón apartado de Valga. Allí encontramos al cirujano compartiendo charla, tan tranquilo, con un policía de Nueva York. La escena puede parecer delirante. Pero el Carnaval lo explica todo. Los dos hombres disfrazados están aquí junto con un puñado de amigos de la Asociación de Radioaficionados de Padrón y la de Terras de Rosalía. Todos juntos, aunque no revueltos, están participando en una de las actividades a las que consagran las mañanas de los sábados: instalarse junto a algún monumento referenciado en la comarca de O Salnés y del Ulla, y contactar a través de las ondas con gente de todo el mundo. El domingo de Entroido los encontramos en Setecoros, junto a la iglesia en cuyo interior se conservan algunos de los capiteles altomedievales más hermosos y mejor conservados de la península.

De EE. UU. a Asia

Ese día, estuvieron trabajando durante toda la mañana en una banda que les permitía contactar con gente que se encontraba a casi dos mil kilómetros de distancia. Hacia mediodía, como hacen siempre, ampliaron su radio de acción. «Podemos contactar con Estados Unidos, con Sudamérica y, en realidad, con casi todo el mundo», explica Miguel Ángel Ruano, uno de los integrantes del club.

Desde Setecoros lo hicieron: mantuvieron una conversación con un estadounidense. Pero fue solo uno de los más de doscientos contactos realizados durante la mañana, y que permitieron saber de este rincón de Valga a personas de Italia, Alemania y Suiza. La semana anterior, los radioaficionados se habían trasladado con sus bártulos a Os Martores, otro rincón mágico del Ulla. Y desde allí habían realizado la misma magia: a través de las ondas, habían llevado el nombre de este enclave a lugares de todo el mundo. Incluido Cincinnati (EE.UU.), donde un radioaficionado parece haberle cogido el gusto a las conexiones de la asociación de Padrón: contacta con ellos casi siempre. Forma parte de un juego bien interesante.

Y es que una de las actividades en las que participa el club trata, básicamente, de emitir desde una serie de monumentos incluidos en un catálogo. Deben trabajar desde ese lugar durante un mínimo de hora y media, y tienen que realizar al menos 125 contactos para lograr su objetivo.

El mapa de los tesoros

Al otro lado de la conexión invisible hay quienes, como el hombre de Cincinnati, buscan a las asociaciones participantes y van marcando en su mapa particular aquellos monumentos con los que ha logrado entablar contacto. «Cuando contactamos, intercambiamos los indicativos, porque esta es una afición reglada, y reportamos tanto la señal recibida como la calidad de la escucha», explica Miguel. Pero hay muchos radioaficionados que quieren saber mucho más, y que «se quedan sorprendidos cuando les decimos que emitimos desde cerca de Santiago, les llama mucho la atención el tema del Camino».

Así que, en las ondas y a través de las radios analógicas también se hace promoción de todo lo que aquí tenemos. Y eso es algo que el público acaba descubriendo cuando se cruza con gente como los aficionados de la asociación de Padrón. Hace unas semanas, por ejemplo, colocaron su antena en A Plazuela (Pontecesures). Era sábado, y acabaron siendo vistos por todo el mundo. Tanto es así que hasta el alcalde se acercó a ellos y, tras escuchar todo lo que hacen, les propuso estar presentes en la Festa da Lamprea. Ellos se declaran encantados de acudir allá donde se les llama, dispuestos a dar visibilidad, a través de sus caminos invisibles, a todo lo bueno que por aquí hay. «Es un hobbie bastante desconocido, pero para nosotros esta es una forma de divertirnos, de salir, de conocer sitios y de estar con amigos...». Aunque, para operar en determinadas frecuencias, es necesario sacarse un carné y formarse. «Pero si alguien se interesa por esto y lo conoce... Acaba enganchado». Advertidos quedan.

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