«¿A dónde vas a ir llamándote Manuel Riveiro?»

Hace años le aconsejaron cambiarse el nombre y marcharse a Los Ángeles; anoche se alzó con el Mestre Mateo a la mejor música original por "A sombra da lei"


catoira / la voz

Cuando La sombra de la ley pinchó en las salas de cine, a Manuel Riveiro (Catoira, 1974), le dio cierto bajón. Él había compuesto, junto con Xavi Font, la banda sonora de una película redonda. Dirigida por Dani de la Torre, experto en «facer que remase todo o equipo na mesma dirección» y protagonizada por algunos de los grandes actores del cine español, La sombra de la ley era «unha moi boa película». Pero el público no la apoyó. Así que, «para todos os que traballamos nela foi unha decepción. É como unha ventá que se abre e que se pecha de seguido, sen conseguir esa certa visibilidade coa que contabas». Y, cuando aún no había acabado la digestión de las malas noticias, «atopámonos, de repente, con seis nominacións aos Goya». Y uno de ellos, a la mejor música original. «A noticia recibina con moitísima alegría, porque era completamente inesperada», cuenta Riveiro. «Logo, ao pensar en que tiñamos que ir á gala e todo iso... Vin coma un nubarrón, porque a min non me gustan todos eses artificios. Pero hai que facelo, e alá fumos». 

Manuel volvió de Sevilla, la ciudad elegida este año para la entrega de los Goya, sin premio. Pero no le importó. Ayer se pudo desquitar a gusto. Y es que "A sombra da lei" arrasó en los premios del audiovisual gallego al conseguir diez galardones. Uno de ellos reconoce el trabajo de Riveiro y Font, los autores de la música original.

Aunque le encantaría haber levantado un Goya, Manuel se consideraba, a su vuelta del acto de entrega de aquellos premios, un afortunado, un ganador. Porque él sabe que no es fácil poder vivir de la música. Porque él es consciente de que, en este complejo mundo de la música, el cine, la publicidad y el teatro, sostenerse es todo un éxito. Y para conseguirlo no siempre basta con ser bueno y trabajar duro.

Todas estas lecciones las ha aprendido Manuel Riveiro a lo largo de su ya larga historia con la música. Arrancó esta en la infancia, cuando pasan las cosas verdaderamente importantes. Con siete años, este joven catoirense empezó a estudiar música en la escuela de Valentín Rey. A los diez entró a formar parte de un grupo de gaita. «Non tiñamos nin traxes», recuerda. Y a los 16 ya tenía claro el joven Manuel que su vida iba a transcurrir enredada en acordes e instrumentos. Así que empezó a estudiar y a formarse, aquí y hasta en Boston. «Moitos dos compañeiros que tiña alá marcharon para Los Ángeles. A min dicíanme que tiña que facer o mesmo. ‘¿A dónde vas a ir llamándote Manuel Riveiro? Cámbiate el nombre y vete a Los Ángeles’». Pero él no les hizo caso y, echando ahora la vista atrás, cree que acertó. «Moita daquela xente tivo que deixalo. En Los Ángeles é todo moi competitivo, moi duro». Lo afirma con conocimiento de causa: el compositor arousano participó en dos películas americanas «nas que non se admiten erros. Se te equivocas unha vez, estas fóra». Y soportar ese estrés exige mucho entrenamiento.

Así que Manuel decidió vivir su vida, también la profesional, a su manera. Y en su tierra. En realidad, confiesa, su carrera fue creciendo de una forma «moi natural». Su primer paso en eso de componer bandas sonoras lo dio en el teatro, sin moverse de Catoira. El Concello le pidió que crease la parte musical de la obra de teatro que aquel año -corría 1995- se iba a representar durante la Romaría Vikinga. Luego, también sin salir de casa, trabajó para una emisora de radio nacional, creando la música institucional de la cadena. «Eramos un equipo de varios compositores, e daquela non había Internet. Todo funcionaba a base de cintas e de Seur», recuerda Riveiro. El salto a la televisión fue natural. Y de ahí al cine, obviamente, no había más que un paso. Ahora, Manuel se mueve con agilidad del mundo del teatro al de la publicidad; del de la televisión al del cine.

Pero componer desgasta. «Son meses de traballo, a cuberto». Él ha encontrado la forma perfecta de contrarrestar el síndrome del compositor: tocar en un grupo de música. Y no precisamente en cualquiera. Porque Manuel Riveiro forma parte, desde hace unos años, de Milladoiro. «Cando era neno e volvía do piragüismo, parábame ao lado do local no que ensaiaban. Eu alucinaba pensando que os que estaban alí eran músicos internacionais». Y fíjense, acabó subido al escenario con ellos, recibiendo la energía del público. «Despois do primeiro concerto, dixen: eu isto precísoo».

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