Pequeños agricultores en Armenteira

Unos vándalos destrozaron el invernadero del colegio y A Horta de San Ero se ofreció a prestarles un huerto


meis / la voz

Comer guisantes directamente de la vaina, aprender que el ceboliño sirve para espantar a los caracoles o elaborar su propio espantapájaros, al que bautizaron como Rogelio. Estas fueron solo algunas de las actividades que los alumnos del colegio de Armenteira realizaron ayer por la mañana. El centro disponía hasta hace poco de un invernadero, que unos vándalos destrozaron. Así que la mamá de uno de los alumnos, María que se dedica a la agricultura ecológica en A Horta de San Ero, se ofreció a dejarles su propio huerto. Y allí aprendieron los chavales un sinfín de curiosidades.

«Queremos que lle dean importancia aos produtos e que vexan que non todo ven do súper», relata la propia María, que ayer se convirtió en una improvisada maestra. Ella les ofreció a los chavales una visita guiada por su huerto de Armenteira. Los pequeños de infantil y de primer ciclo realizaron una visita guiada por los cultivos, conocieron de cerca las plantas aromáticas, que les llamaron mucho la atención, y aprendieron la importancia de los bichos. «Díxenlles que os bechos que hai na horta non hai que matalos, que poden convivir perfectamente cos cultivos», añade María. Los pequeños también se enteraron de que las plagas se pueden combatir con hierbas, como el ceboliño.

Otra de las actividades que desarrollaron es que cada alumnos pudo plantar en una maceta el cultivo que él mismo eligió. Cuando estos crezcan, María se acercará al colegio para enseñarles el fruto de su trabajo. También están pensando en hacer alguna jornada de degustación para que estos pequeños agricultores aprendan a diferenciar el sabor de los productos recién cogidos de los que llegan envasados a los supermercados. «Queremos que vexan que os produtos frescos saben diferente», añadió.

Pero la actividad que más gustó a los pequeños fue, sin duda, la construcción de un espantapájaros, que les permitió jugar con la paja. Para ello tuvieron que rellenar con este material unos pantalones y una camisa. Un globo rosa sirvió de cabeza. Y, para terminar, le pusieron hasta nombre. Rogelio se ocupará, a partir de ahora, de velar por los cultivos de estos pequeños agricultores de Armenteira.

Los estudiantes del centro elaboraron su espantapájaros, al que bautizaron como Rogelio

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