Pegasus: El ojo que todo lo ve

López Penide texto PONTEVEDRA / LA VOZ

AROUSA

Maniobras incorrectas, el uso del móvil al volante o los pies de acompañante sobre el salpicadero son algunas de las infracciones que detecta el helicóptero de Tráfico

09 ago 2015 . Actualizado a las 12:30 h.

Desde hace algo más de dos años es el terror de aquellos conductores a los que les gusta pisar el acelerador. Desde una altura de trescientos metros, los cámaras del Pegasus son capaces de detectar infracciones que se cometen hasta a un kilómetro de distancia. Aunque habitualmente se asocia a la aeronave con los excesos de velocidad, a fin de cuentas es la infracción más habitual en las carreteras pontevedresas, lo cierto es que también se emplea para controlar otras conductas incorrectas, pero ya no solo cometidas por el conductor, sino también por los acompañantes.

Así, el gran hermano de la DGT ha permitido sancionar a multitud de personas que superaban los límites de velocidad, pero también a aquellas que realizan cambios de sentido en zonas no habilitadas -algo habitual, al parecer, cuando se producen atascos en las horas de regreso de las playas de la comarca capitalina- o a quienes consideran que la distancia de seguridad entre vehículos es una utopía que está en los manuales, pero no algo que se tenga que aplicar en el mundo real. Son solo unos ejemplos, ya que el Pegasus también detectaría cuando el individuo al volante está más pendiente del WhatsApp, del Candy Crush o, incluso, del periódico que de lo que le rodea o cuando, algo también hasta cierto punto común, se olvida de colocarse el cinturón.

Precisamente, en el caso de las personas que viajan como acompañantes, es de las sanciones más habituales, aunque, en este caso, también se detectan a muchos copilotos que disfrutan viajando con los pies apoyados en el salpicadero o, incluso, asomando por la ventanilla, como ya se ha dado el caso en Pontevedra. Se trata de conductas sancionadas con 80 euros y que se encuadran en el artículo 18 del Reglamento General de Circulación. Establece, entre otras cuestiones, que el conductor «deberá cuidar especialmente de mantener la posición adecuada y que la mantengan el resto de los pasajeros».

«En caso de accidente, si saltan los airbag, te pueden destrozar las piernas», señala Juan Carlos Abalde, piloto de uno de los Pegasus asignados a Pontevedra y, por extensión, a Galicia. Diariamente, este helicóptero despega de su base en A Coruña para cubrir la zona que tiene asignada. En principio, la planificación es mensual: «La programación se hace de un mes para otro con la Guardia Civil de Tráfico. Nos asignan las carreteras».

No obstante, esta planning puede verse alterado por cuestiones puntuales o, incluso, por la climatología. El itinerario marcado para esta jornada arranca en el entorno del nudo de Os Bombeiros para, acto seguido, adentrarse en la variante de Marín. Una de las ventajas del Pegasus, que en su día fue el primer radar aéreo en el mundo capaz de detectar con precisión milimétrica los excesos de un vehículo a las distancias anteriormente reseñadas, es que permite realizar un control individualizado de los vehículos.

No pasa mucho tiempo hasta que surge la oportunidad de comprobar in situ esta versatilidad. La operadora de vídeo detecta varios turismos que, circulando en caravana, parece que pueden superar los límites de velocidad. La cámara enfoca al primero de los coches, matrícula incluida, y el láser comienza a operar. La tesis es sencilla: «El que destaca más, el que va primero, es el que va más rápido y es el que se controla. Si va bien, el resto también».

Falsa alarma. El láser realiza mediciones de velocidad en intervalos de tres segundos y luego establece la media. Es una de las diferencias con los radares convencionales que uno se puede encontrar en cualquier carretera de la red viaria pontevedresa y que solo miden las velocidades en un momento determinado.

De la variante de Marín, el Pegasus salta al corredor de O Morrazo. En todo momento, el piloto se mantiene en contacto con la torre de control de Vigo, desde la que le informan que el helicóptero Pesca I se encuentra en el entorno de Oia. No hay problema.

Durante estos meses de verano, el corredor de O Morrazo es uno de los puntos conflictivos en los retornos de las playas, algo que también sucede con las carreteras que comunican Pontevedra con los arenales de Sanxenxo, Marín, Bueu o Poio. Está claro que en los atascos, la velocidad no es el problema. En su lugar, las incidencias proceden normalmente de conductores impacientes que no dudan en realizar maniobras incorrectas, incluso invadiendo líneas continuas, para hacer un cambio de sentido o de aquellos otros que optan por transitar directamente por el arcén como el cliente de un supermercado que se cuela por delante de los que tiene en la cola.

El tramo final del recorrido lleva al Pegasus a dirigirse a Pontevedra por la AP-9. «Nos suelen asignar carreteras donde se circula a más velocidad y hay más coches», concluye Abalde.