Distracciones

Jesús Merino PROFESOR DE FILOSOFÍA

AROUSA

Parece que los humanos tenemos una acusada tendencia a distraernos y que, como las polillas, nos lanzamos alocadamente hacia el primer foco que nos ponen delante. Esto nos ocurre casi siempre sin darnos cuenta, porque somos así. Sin embargo, hay gente espabilada que se aprovecha de esta característica para alejarnos de lo que podríamos considerar importante si le prestáramos la debida atención.

Últimamente estos espabilados han decidido que tenemos que poner todo nuestro interés en lo que algunas personas han publicado no se sabe cuándo en las redes sociales, así que allá vamos todos y nos enzarzamos en mil disputas banales, para regocijo de esos astutos creadores de opinión.

Mientras tanto, en algún rincón escondido en medio de este follón mediático, descubrimos que la defensora del pueblo y su homólogo catalán, al menos, han solicitado hace pocos días a las autoridades pertinentes que se mantengan abiertos los comedores escolares durante las vacaciones de verano.

No me negarán que al lado de lo otro, estas noticias son una sosada. Sus protagonistas no parecen ser radicales antisistema, ni sus declaraciones tienen ningún morbo. No están haciendo humor sobre ningún tema escabroso ni lanzan proclamas incendiarias, así que? silencio.

La peor cara de la sociedad

Es que eso de los comedores escolares muestra una cara de nuestra sociedad en la que no salimos muy favorecidos. En pleno siglo XXI, en un país europeo que se dice civilizado, no podemos estar seguros de que todos nuestros niños tengan una alimentación adecuada a sus necesidades. En pleno siglo XXI, en un país europeo que se dice civilizado, la pobreza nos asoma por debajo de la alfombra, y ya no la podemos esconder más.

Y no nos engañemos. Esto no es una desgracia que podamos atribuir a la mala suerte. Jean Ziegler, que fue relator especial de la ONU para el derecho a la alimentación, lo ha explicado clarísimamente.

Nuestro planeta podría producir recursos suficientes para alimentar hasta a 12.000 millones de humanos, así que el hambre, la pobreza, la desigualdad intolerable, no son más que el resultado de un orden mundial criminal y caníbal.

¿Hacia dónde queremos mirar?