Los jardines de la igualdad

rosa estévez texto VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Cada vez son más las Administraciones y los particulares que confían sus zonas verdes a la empresa EIL, creada por Bata para abrir puertas a personas con discapacidad intelectual

07 dic 2014 . Actualizado a las 04:56 h.

Somos diferentes, somos iguales. El mundo funcionaría mucho mejor si todos tuviésemos clara la gran verdad que se esconde en esa frase. Pero no es así. La diferencia -cualquier diferencia- sigue siendo mirada de reojo. A veces con un miedo injustificable; a veces con una compasión innecesaria. Luchar contra esas formas de mirar es uno de los objetivos que persiguen los colectivos que se han empeñado en conseguir la integración y la inclusión social de las personas con algún tipo de discapacidad.

Bata es una de esas organizaciones. La Asociación de Tratamiento del Autismo de Baión lleva muchos años remando contra vientos y mareas adversos. Empeñados en mejorar la calidad de vida de quienes reclaman su apoyo, los integrantes de este colectivo trabajan con niños -una población muy vulnerable- y también con adultos. Con esos adultos que, en ocasiones, parecen condenados a vivir atrapados en la peor de las infancias, esa en la que no se pueden tomar decisiones, ni elegir caminos, ni aspirar a la independencia.

Los servicios de apoyo laboral de Bata no solo sirven para orientar a las personas que tienen algún tipo de discapacidad intelectual hacia un puesto de trabajo. También ayudan a las empresas que aspiran a «ser socialmente responsables», como Hesperia La Toja (O Grove) o la cafetería Lembranza (Vilagarcía), a desarrollar proyectos que les permitan cumplir ese objetivo.

Pero en el año 2011, Bata decidió dar un paso más y constituyó la empresa Servicios Medioambientales EIL. Es esta una empresa de inclusión, una iniciativa que «combina la lógica empresarial con metodologías de inserción laboral». Según los registros oficiales de la Xunta, en toda Galicia solo funcionan nueve empresas con este marcado carácter social.

Desde Bata, Ignacio Rey explica qué llevó a la asociación a dar este paso. «Nos dimos cuenta de que muchos de nuestros usuarios sentían una especie de vocación por el trabajo al aire libre», argumenta. Sin embargo, el sector de la jardinería y los trabajos forestales no parece estar demasiado maduro en Galicia, y el número de empresas con las que establecer lazos y en las que articular programas de integración era demasiado reducido. Así que no quedó más remedio que alumbrar una firma propia que desarrolle trabajos de «limpieza, mantenimiento y recuperación de espacios de uso público en áreas forestales y recogida de aceites usados a domicilio». En estos momentos, para EIL trabajan seis brigadas y alrededor de una docena de personas.

Con el paso de los años, y a fuerza de demostrar la capacidad de sus profesionales, la firma ha ido ganando clientes. «Todo ha ido muy poquito a poco», explica Ignacio Rey, pero granito a granito se ha ido llenando la cartera de clientes, en la que figuran tanto administraciones como empresas y particulares.

En estos momentos, las brigadas de Bata se encargan de adecentar las carballeiras y otros espacios verdes del Concello de Ribadumia; de arreglar jardines y parques como el del Centenario o A Concha, en Vilagarcía; de mantener en buen estado lugares tan emblemáticos como el Muíño da Seca de Cambados; de sanear las zonas verdes del Hospital do Salnés y, a partir de ahora, de cuidar también la zona ajardinada del alto de A Rosa (Carril).

«Ahora empezamos a tener también clientes particulares», señala Nacho Rey. Él es consciente de la magnitud del reto que supone, y más en estos tiempos, mantener viva una empresa tan particular como esta. «Durante los dos primeros años este tipo de firmas tienen ayudas, pero después ya no. Así que a estas alturas estamos intentando sacar el proyecto adelante». El esfuerzo vale la pena, porque los objetivos sociales se cumplen. La empresa pretende incidir sobre el entorno mediante su cuidado -a fin de cuentas a ello se dedica-, visibilizar a un colectivo que durante mucho tiempo ha permanecido en un ángulo oscuro de la sociedad, y lograr su integración. Y esta, en muchos casos, está conseguida. «Los chicos de la brigada del hospital, por ejemplo, van a la cafetería, conviven con todo el personal del centro, todo el mundo los conoce y los aprecia... Eso es fundamental para ellos, porque les brinda una oportunidad de ampliar su red de apoyos». Siendo así las cosas, no me digan que el esfuerzo no vale la pena.