El ataque a las torres de Oeste, más multitudinario que nunca

La Voz

AROUSA

05 ago 2014 . Actualizado a las 06:57 h.

Historias como las de Michel y Veronique son las que hacen que se dibuje una sonrisa de orgullo en el rostro del alcalde de Catoira. Alberto García (PSOE) despide, un año más, una Romería Vikinga que ha cosechado un rotundo éxito. Aunque no le gusta hablar de la fiesta en números, el regidor tira de calculadora mental para concluir que, entre todos los actos organizados este año con motivo de la celebración, por Catoira habrán pasado unas cien mil personas.

Pero a García, más que los números, le preocupa el ambiente. Y este año, señala, ha sido excelente. «A xente divertiuse, pasouno ben, e iso é o que queremos», recalcaba ayer el regidor. Durante toda la jornada del domingo, el recinto de las torres de Oeste estuvo presidido por el humor, las batallas de mentira y un aquel de sensatez disimulada por los litros de tintorro que teñían de sangre ficticia a todo aquel que se pusiese a tiro. Y eso que este año, por mar llegaron más vikingos que nunca. Unos doscientos bárbaros ocuparon los cuatro barcos que formaban en esta ocasión la flotilla invasora. Aunque hubo quien como Michel se quedó en tierra, asegura Alberto García que fueron casos contados. Recuerda el alcalde que los puestos se repartieron atendiendo a dos criterios. El primero, la antigüedad de los vikingos, «porque hai algunhas persoas que, aínda que non son de Catoira, veñen todos os anos» y, obviamente, no se podían quedar fuera en esta edición. Después, lo que primaba era ser vecino del municipio. Y todo aquel catoirense que quiso hacerse al mar, pudo hacerlo. «Non é fácil -dice el alcalde- organizar todo isto. Cada vikingo ten que ter o seu seguro, hai moitos requisitos que cumplir», señala García.

La cena imparable

Pero si el domingo en el recinto de las torres había cientos de vikingos, aún eran más los que el sábado por la noche se dieron cita en ese mismo espacio para disfrutar con la cena vikinga. El Concello había vendido más de 700 pases para un banquete que cada año que pasa gana adeptos. Hasta Alberto García se puso un traje de pieles y un buen casco para acudir a este evento. Otros, también acicalados para la ocasión, se acercaron hasta el lugar del festín sin haber comprado previamente su pase. Y por solidaridad vikinga «deixóuselles entrar» y dar cuenta del menú.

Pero en la romería de Catoira -y ahí radica parte del encanto de esta fiesta- no todo son bacanales de comida y vino. Durante la semana previa al desembarco, la localidad se impregna de un ambiente cultural y relajado. Las jornadas de teatro vikingo han sido un rotundo éxito, llegando el jueves a reunir a unos mil espectadores al amparo de las torres de Xelmírez. «O venres houbo que suspender pola choiva, pero se non tería habido aínda máis xente. Algo así non se podería facer noutro recinto», afirma el alcalde. Con estas representaciones, señala, se promueven las artes escénicas. Igual que con los cursos de verano de la Universidad se promueve la cultura y la formación.