Una cita por Whatsapp para pelearse

La Voz

AROUSA

Alberto y David habían quedado para verse las caras. Ambos acudieron a su fatídica cita en el garaje de la familia del primero sabiendo que iban a tener más que palabras. Así lo confirmaron los mensajes telefónicos interceptados por la Guardia Civil y así lo reconocieron, también, los amigos de los dos tristes protagonistas de esta historia. Aún sabiendo lo que se avecinaba, Alberto acudió con una navaja cuya hoja medía once centímetros.

Con esa arma en su poder, se inició la pelea. Duró poco, apenas unos minutos. Entonces, sin que ninguno de los testigos acertase muy bien a decir qué había ocurrido, David cayó al suelo, herido de muerte. Quienes presenciaron los hechos aseguran no haber visto la navaja. Y hasta los peritos afirman que la víctima tampoco debió de verla: presentaba una sola herida, mortal, y ninguna herida que indicase que intentó esquivarla.

El uso de la navaja daba a Alberto Sequenza una posición de superioridad que él intentó explicar en el juicio. Llevaba ese arma blanca, señaló, porque tenía miedo: padece una enfermedad de coagulación de la sangre y temía herirse gravemente. Ese mismo miedo, apuntó el entonces acusado ante el tribunal popular, lo llevó a empuñar la hoja de once centímetros y así lo hizo.

Los forenses que testificaron desabarataron sus palabras: «No consideramos que sintiese grave temor por su persona ya que el enfrentamiento era cuerpo a cuerpo y uno contra otro, y la víctima no portaba ningún arma y había otras alternativas para poder detenerse por parte del acusado», dijeron. Así que, argumenta la sentencia, Sequenza asestó la puñalada mortal «con intención de causar la muerte de David o sin importarle que esta sucediera».

Sin arrepentimiento

Con su contrincante en el suelo, Sequenza no dijo lo que había ocurrido, ni enseñó la navaja, «lo que incluso llevó a pensar a algunos de los presentes que David se había clavado con algún objeto que este estuviera en el suelo». Tampoco mostró afán de colaboración con los agentes que investigaban el caso. Ni arrepentimiento por todo lo ocurrido, señalaba el jurado en su veredicto.