Un niño mal alimentado y dos con obesidad están ahora entre los usuarios
06 abr 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Montoro no se cree el informe de Cáritas y Feijoo califica de «apocalípticos» los datos de AGE sobre desnutrición infantil en Galicia. Pero al margen del debate político, el problema está ahí. Y no es solo que lo diga la memoria anual de la oenegé vinculada a la Iglesia que hace referencia a datos de toda España. Es que no hay que más que acudir a Cáritas Interparroquial de Arousa para comprobar que cuando se habla de menores mal alimentados no se está haciendo demagogia. Al menos el Valedor do Pobo sí se cree ese informe que cifra en un 20,1 % el número de niños que traspasan el umbral de la pobreza en Galicia. Y se lo cree porque José Julio Fernández maneja denuncias reales.
Al director de Cáritas Interparroquial de Arousa no le cierran la boca las críticas llegadas desde Madrid y admite que sí, que ellos también trabajan con niños que además de nombre y apellidos tienen un problema de alimentación: «Sí, se dan casos de malnutrición infantil en la comarca». Aunque por supuesto, en cuanto uno entra por la puerta, se soluciona. Pero el problema está cuando no entra, porque como indica Noela, la trabajadora social, «hay familias que no tienen recursos ni para denunciarlo».
En riesgo de abandono
Familias en riesgo de exclusión, carencias sociales o personales y, en demasiadas ocasiones, cuestiones de salud, impiden muchas veces a quienes tienen niños a su cargo ser conscientes de cuál es la situación. Son menores en riesgo de abandono, y cada vez hay más. «En la actualidad tenemos un caso de un niño que no podemos decir que esté desnutrido, pero sí mal alimentado, y otros dos con problemas de obesidad que derivan también de una mala alimentación», indica Noela. «Pero seguro que hay más de los que no nos enteramos».
Control en los colegios
Para evitar esas situaciones, hay una red que engloba a los servicios sociales, a las oenegés y también a los colegios, porque muchas veces son los profesores o las asociaciones de padres quienes las detectan y quienes, con toda la discreción que esos temas sensibles requieren, encauzan el caso ya sea ofreciendo alimento a esas familias o, en los más graves, haciéndose cargo del menor en desamparo.
Ese elevado porcentaje de niños pobres que Cristóbal Montoro no ve por los pasillos de Moncloa es el que llevó hace unos años a entidades como la fundación Amigos de Galicia a engordar los paquetes de comida que envía a las casas en las vacaciones escolares. La mayoría de estos niños comen en los comedores de sus colegios, una manera de garantizar que al menos hacen una comida completa al día. El problema está cuando los comedores cierran. Muchos forman parte de familias que ya reciben la ayuda de la fundación, y en esas fechas, los alimentos que se envían se multiplican para garantizar su sustento.
Pero el problema no está resuelto. No hace tanto que Cáritas incluyó a una usuaria más en el Comedor sobre ruedas. Cuando llegaron a la casa se encontraron a la mujer postrada en la cama, alejada del mundo, y a su hijo, con graves carencias nutricionales. En unos meses, la situación del menor mejoró notablemente. Pero todos se preguntan cuántos más no habrá de los que nada se sabe.