Los regidores dicen que no llegan regalos a los concellos, y si aparecen, los devuelven o donan
23 mar 2014 . Actualizado a las 07:00 h.Como cabía esperar, las opiniones que genera el código ético propuesto por el presidente de la Xunta se condensan en dos frentes a la hora de preguntarle a los alcaldes de Arousa: los del PP por un lado y los del PSOE y el BNG, por otro. Y como los populares son inmensa mayoría -gobiernan nueve de los doce ayuntamientos de este territorio-, son más los que aplauden la medida que quienes la critican. No obstante, dentro del PP son Gonzalo Durán (Vilanova) y Lourdes Ucha (Meaño) los que le ponen más reparos. Acatan el modelo de conducta que tratan de imponer desde su cúpula pero lo consideran excesivo. «Se hacen reglamentos para demasiadas cosas. Qué hay que regular. Eso se llama cohecho y ya está regulado en el Código Penal. El comportamiento honrado no admite prebendas. A mí nadie me propuso ningún soborno en 23 años», señala el regidor vilanovés.
«Hai unha fixación co tema dos políticos. Se hai que sacar un código ético, que o saquen. Estou dacordo con que non se permitan regalos, pero penso que hai un pouco de paranoia. Hai moita xente que quere regalarlle algo a un político e non é porque lle deba favores», señala Lourdes Ucha.
En el otro frente, los reproches al presidente de la Xunta van más por la oportunidad que por el fondo de la cuestión. «Esta é outra cortina de fume de Feijoo, a quen lle sae a corrupción polas orellas. O que ten que facer é actuar no seu partido». Un discurso similar esgrime su compañero de filas y alcalde de Catoira. «Un cargo público ten que saber cando o tratan de comprar. Que faga unha norma para el», señala Alberto García, quien no oculta su malestar por el hecho de que se fije la atención mediática en estas cuestiones. «Do que fai Feijoo había que preguntar por outras cousas, como o de Sogama ou a dependencia».
La corrupción, de fondo
Pero le guste o no a García, el código ético es tema de conversación, máxime teniendo en cuenta las corruptelas que últimamente salpican a la clase política. Aunque ahora salgan a relucir en los sumarios judiciales, los regalos de empresas a cargos públicos y funcionarios no son ninguna novedad, aunque son pocos los que reconocen haberlos recibido y, mucho menos, haberlos aceptado.
Los alcaldes consultados por esta redacción aseguran que a sus concellos no llegan obsequios, y si aparece alguno «mándanse para o asilo», según el regidor cambadés. «Eu teño devolto algún», apunta Alberto García, y otros dicen que quedan aparcados en alguna esquina del consistorio. «Aínda deben de andar por aí as galletas que nos mandaron do Concello de Cambados», cuenta el alcalde isleño en clave de anécdota.