El promotor de la Ciudad de Arousa

Susana Luaña Louzao
susana luaña VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

<span lang= es-es >El pazo de Poio</span>. La reunión clave para la fusión de los concellos se celebró en el pazo de Poio, propiedad de González Besada; a la izquierda, el edificio como era hace cien años; a la derecha, en la actualidad, restaurado y recuperado para el patrimonio municipal.
El pazo de Poio. La reunión clave para la fusión de los concellos se celebró en el pazo de Poio, propiedad de González Besada; a la izquierda, el edificio como era hace cien años; a la derecha, en la actualidad, restaurado y recuperado para el patrimonio municipal. r. leiro< / span>

En el pazo de Augusto González Besada, en Poio, se gestó la unión de los tres concellos

08 dic 2013 . Actualizado a las 06:58 h.

Diputado en el Congreso por el distrito de Cambados entre los años 1899 y 1905, y más tarde diputado también por Cádiz, Almería, Alicante y Lugo hasta 1919, la larga vida política de Augusto González Besada le reservó un papel clave en la Restauración borbónica, y de hecho fue ministro en cinco ocasiones; tres veces de Hacienda -la primera vez, en 1903, lo convirtió en el ministro más joven que ocupó esa cartera- y dos más de Gobernación y Fomento. De esas dos largas décadas en la política -el Gobierno de España vivía una época muy convulsa en la que era difícil mantenerse en un cargo y sobrevivir a sus vaivenes- supo sacar buen provecho el abogado González Besada, y entre sus muchos legados figuran las gestiones que hizo en favor de Vilagarcía, que ya entonces era la villa por antonomasia del distrito que representaba en el Congreso.

Fue mediador, árbitro y padrino, entre otros proyectos, de la construcción de una estación de tren en Vilagarcía, de la creación de una aduana para dicha localidad, del proyecto de donación de la isla Cortegada a la Corona, de las obras de ampliación del puerto y de la fusión de los tres concellos. Todos esos esfuerzos pueden, en realidad, resumirse en uno solo: la creación de la Ciudad de Arousa, de la que fue firme defensor.

Nació en Tui en el año 1865 y falleció en Madrid en 1919. Perteneciente a una de las familias más influyentes de Pontevedra, se licenció en Derecho en la Universidad de Santiago de Compostela. Ejerció la abogacía primero en la ciudad del Lérez, y después, en Madrid. Como miembro del Partido Conservador, no tardó en introducirse en la vida política de la Corte, y en 1899 obtuvo por primera vez el acta de diputado por el distrito de Cambados, escaño que revalidó en 1901, 1903 y 1905.

La estación y la aduana

Fue en el año 1900 cuando Vilagarcía llamó por primera vez a las puertas del flamante diputado para pedirle su mediación en la construcción de una estación de ferrocarril para la villa y en la habilitación de una aduana. Una comisión de políticos y empresarios se trasladó a la capital y mantuvo un encuentro con Besada en el que también estuvo Jacobo Ozores, marqués de Aranda. El insigne pontevedrés ya dejó claro entonces que estaba con Vilagarcía, pero lo hizo siempre sin displicencia ni contemplaciones.

A por el mejor puerto

Lo dejó claro siete años después, cuando de nuevo se pidió su mediación para la ampliación del puerto, cuyo muelle de hierro se había quedado obsoleto para las necesidades del tráfico marítimo. Contaba entonces La correspondencia gallega que el entonces ministro de Fomento «desea que a Villagarcía se unan Carril y Villajuán a fin de que esos tres pueblos juntos puedan formar la futura Ciudad de Arosa que sería el centro mercantil de aquella extensa zona, con un puerto que nada tendría que envidiar a los mejores y más importantes del extranjero».

Y para que no quedasen dudas de cuál era su posición, el domingo 1 de septiembre de 1907 acudió a Vilagarcía para reiterar su apoyo a la población, en un acto muy concurrido en el que ratificó que por los intereses de la localidad, «iré allá, más allá acaso que cualquiera de los hijos de Villagarcía», tal y como recuerda Manuel Villaronga en el libro que presentará próximamente con motivo del Centenario.

Pero lo dicho, sin concesiones. González Besada, junto con los prohombres de Vilagarcía y las más significativas figuras de la sociedad gallega de entonces, fue uno de los impulsores de la compra de la isla de Cortegada, pero cuando el proyecto naufragó y sus dirigentes volvieron los ojos al puerto como única alternativa posible para su desarrollo, Besada dejó bien claro que si Vilagarcía aspiraba a una subvención de cuatro millones de pesetas para la obra, tendría que hacerlo de la mano de los pueblos vecinos, porque «solo unidos se sumaría población suficiente». La Ciudad de Arousa no sería tan ambiciosa como la que se había soñado con la donación de Cortegada, pero sería, a fin de cuentas.

Y así llegó septiembre de 1911. González Besada ya era diputado por Cádiz, pero no tuvo inconveniente en recibir otra vez a una comisión llegada de Arousa, que volvió a llamar a las puertas de su casa; esta vez, en el sentido literal del término, porque el encuentro fue en el pazo familiar de Poio, un noble edificio recuperado hace unos años para el patrimonio municipal. Hasta allí acudieron Valeriano Deza, alcalde de Vilagarcía; Serafín Ameijeiras, alcalde de Vilaxoán, y Ramón de la Fuente Abalo, alcalde de Carril, junto con Castor Sánchez, Eugenio Salgado, Juan Oubiña y Camilo Alemparte. En las actas de la reunión quedó reflejado que Besada dijo, una vez más, que «no era posible pedir ni obtener cosa de valía alguna para estos ayuntamientos en tanto por su unión no constituyesen una entidad grande».

Ese mismo año se creó la comisión que haría efectiva la fusión. Carril, Vilagarcía y Vilaxoán ya eran «de Arosa».

El diputado se comprometió a ir «más allá» que cualquier vecino por Vilagarcía

Luchó por el tren, por Cortegada, por la aduana, por el puerto y por la fusión