Una comarca que hace historia

Rosa Estévez
rosa estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

RAMON LEIRO

Objetos desenterrados en la orilla sur de la ría ilustran una larga etapa de nuestro pasado

27 oct 2013 . Actualizado a las 06:56 h.

Hacerse un hueco en las salas de exposiciones del Museo de Pontevedra no es fácil. Echen cuentas: «Una excavación puede proporcionar entre diez y quince mil fragmentos de cerámicas y solo lo más significativo se va a mostrar al público», explica Carlos Valle, el director de ese centro de cultura y conocimiento que ha crecido, robusto, al amparo de la Diputación. Por hacerse un hueco en esas vitrinas pujan piezas recuperadas de las entrañas de la tierra en toda la provincia, así que la competencia por ganarse un espacio debe de ser dura. Sin embargo, en este terreno el valle de O Salnés y las tierras de la desembocadura del Ulla parecen gozar de una hegemonía envidiable. «La verdad es que esa zona tiene una presencia muy destacada en el Museo», reconoce el director del mismo, Carlos Valle.

La proximidad de O Salnés a la capital de la provincia influyó, a buen seguro, a que en esta comarca arrancasen muy pronto las excavaciones arqueológicas apadrinadas, de una u otra forma, por el Museo. «En A Lanzada, por ejemplo, se remontan a hace más de seis décadas», afirma Carlos Valle. Las empezó Filgueira Valverde allá por los años cincuenta, y aún se están procesando los materiales extraídos durante las últimas excavaciones, dirigidas por Rafael Rodríguez hace apenas unos años.

Tanto tiempo bajo la mirada de los arqueólogos han convertido al yacimiento de A Lanzada en una de las joyas de la planta baja del edificio Sarmiento. Tanto es así, que hay varias vitrinas destinadas a mostrar al público los secretos que se han ido desenterrando en este rincón de la costa gallega. Allí se han encontrado tumbas y hasta 85 esqueletos que nos hablan de la dura vida de quienes poblaban el lugar entre los siglos II y VI después de Cristo. Se han encontrado también cerámicas procedentes de lugares tan lejanos como Italia y Chipre, que dan fe de la vitalidad de lo que fue una villa romana desde la que se controlaba la producción de las salinas que existían en la zona y que acabarían dando nombre, andando el tiempo, a toda la comarca de O Salnés. Bronces, restos de todo tipo de animales, punzones y conchas también se exponen al escrutinio de los curiosos, empecinados todos ellos en relatar su historia. Lo hacen sin la espectacularidad dorada del Tesoro de Caldas, pero con mucha más eficacia a la hora de ayudar a reconstruir nuestro pasado.

Otro peso pesado

Otro de los yacimientos que han nutrido, y aún lo sigue haciendo, las vitrinas del Museo es el Monte do Castro, en Ribadumia. Es este un rincón sobre el que los estudiosos han puesto sus ojos hace relativamente poco tiempo -apenas unos años, desde que arrancó el proyecto Pousadas do Salnés- y en el que se han desenterrado auténticas joyas. De este poblado de misterioso final -fue arrasado por el fuego- han salido piezas que, en algunos casos, son únicas en Galicia: el ídolo protector de la muralla, cerámicas decoradas y fíbulas de bronce cuidadosamente elaboradas y que, sin duda, formaban parte de la indumentaria de los líderes del poblado.

A Lanzada y Monte do Castro no son los únicos yacimientos de o Salnés de los que se ha nutrido el Museo de Pontevedra. En sus salas podemos rastrear cuencos desenterrados en el misterioso islote de Areoso, espadas y cabezas de ídolos encontradas en la desembocadura del Ulla, un altar a Júpiter salvado de entre las paredes de una casa de Pontecesures o una fíbula etrusca hallada en Castro Alobre.