Cuando las casas las hacía el vecino

Bea Costa
bea costa VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

<span lang= es-es >Una imagen para la intrahistoria de O Grove</span>. Corría el año 1981 o 1982 cuando los vecinos de Peralto le construyeron una vivienda a Padín -sentado- y posaron para la foto.
Una imagen para la intrahistoria de O Grove. Corría el año 1981 o 1982 cuando los vecinos de Peralto le construyeron una vivienda a Padín -sentado- y posaron para la foto. cedida< / span>

En la comarca todavía quedan en pie varias viviendas que se levantaron gracias a la generosidad colectiva

27 oct 2013 . Actualizado a las 06:54 h.

En Tomiño, medio centenar de vecinos se han unido para construirles una casa a dos hermanos que se quedaron sin vivienda por culpa de un incendio. Es una de esas historias de solidaridad que recogía este periódico días atrás y que a más de uno le sirvió para rescatar de la memoria ese caso parecido que ocurrió en su pueblo. En Arousa todavía quedan en pie varias de esas casas que se hicieron por este sistema, uniendo el dinero y el trabajo desinteresado de muchos en favor de aquellos que no tenían recursos para proveerse de un techo.

En A Illa de Arousa aún lo tienen muy presente. Quizá por el hecho de haber estado aislados durante tantos años, era habitual que entre vecinos se echaran una mano a la hora de levantar un muro, pintar las paredes o construir la Casa do Pobo, como se hizo durante la República. Pero no hay que retrotraerse tanto en el tiempo. Ya en la democracia, los isleños volvieron a hacer gala de su naturaleza solidaria para proporcionarle una vivienda a Martínez y otra para el que llamaban Rey Pedro.

Las monjas y los comuneros

La primera se construyó a finales de los años ochenta, en la zona de Testos, a iniciativa de las monjas de A Illa y en terrenos que cedió la comunidad de montes. Juan Jesús Diz todavía recuerda aquella asamblea en la que se decidió donar esta parcela. Se organizó un festival benéfico para recaudar fondos, hubo donaciones particulares y no faltaron brazos para levantar esa pequeña casa en los ratos que dejaba libre el trabajo diario. Estuvo habitada hasta el año pasado, cuando falleció su inquilino. El uso que se la va a dar en el futuro es una incógnita. De momento ahí sigue, como testigo de la generosidad de un pueblo. En las inmediaciones de la plaza de abastos resiste otra de esas construcciones levantadas gracias al esfuerzo colectivo y a que la Iglesia cedió un trozo de terreno. Durante décadas sirvió de cobijo, primero para Rey Pedro, y después para Pedro o da Peixiña. Hoy está en manos particulares y se utiliza como almacén.

Al otro lado del puente, en O Cabo (Vilanova), permanece una pequeña construcción que se realizó años atrás para una familia gitana gracias a la solidaridad vecinal y tierra adentro, en Baño (Valga), todavía hoy habitan una de esas viviendas. Se construyó en el año 1978 para la Señora Pepa y su hija Concha y, aunque humilde, dispone de lo necesario para llevar una vida digna. El alma máter de todo aquello fue Milagros Souto, una de esas mujeres con iniciativa que llevan a cabo todo lo que se proponen. Milagros a da farmacia conocía al dedillo las necesidades de todos los vecinos y viendo las carencias de estas mujeres empezó a organizarlo todo para conseguirles un hogar. No estuvo sola. Contó con el apoyo de Benigna Rodríguez, Manuela Jamardo, Leoncio Sanmarcos y otros muchos que aportaron su grano de arena: unos con dinero, otros con mano de obra. Hasta las empresas se implicaron en este proyecto aportando los ladrillos y los muebles. Los sábados y los domingos había faena y en un mes la casa era una realidad. «Antes había máis unión que agora», reflexionan estos vecinos reunidos a las puertas de su obra. Aunque todavía hay lugar para la esperanza. El caso de Tomiño es un claro ejemplo y en Rubiáns (Vilagarcía) todavía el año pasado hubo vecinos que brindaron su colaboración para reformarle la casa a una familia con dos niños.

En Peralto

En O Grove, la historia se escribe con los nombres de Francisco Prol Barral y Carmen Mascato, que a principios de los ochenta movilizaron a los vecinos del barrio de Peralto para hacerle una casa a Padín, un hombre impedido y sin recursos al que este gesto de caridad le hizo la vida un poco más agradable.