Miles de personas se desplazaron a O Grove para degustar las raciones a la venta
13 oct 2013 . Actualizado a las 06:55 h.«No sé porque hacen esto solo una vez al año, deberían hacerlo todos los meses». Así de claro lo tiene un turista madrileño. La Festa do Marisco, a la que ayer acudió por primera vez, lo ha conquistado. A él y a los miles de personas que ayer se dieron cita en el recinto ferial. Autobuses, coches y hasta caravanas tomaron las calles de la localidad, mientras vecinos y visitantes se repartían el espacio en las carpas. Querían una de las miles de raciones a la venta. Y es que eran las últimas. La celebración grovense por excelencia llega hoy a su fin tras haberse ganado, de nuevo, la confianza y el cariño, de todos los que la visitaron.
Buena parte de los asistentes a la carpa siguen el mismo ritual. Primero cogen una lista de precios. Después, recorren las cocinas y, a continuación, deciden el menú a degustar. El sistema de venta les encanta, y también el resto de la organización. «No hemos ni esperado diez minutos», explica una pandilla de Arcade, que ya llevan dos años acercándose a O Grove. Su mesa está repleta de viandas y solo echan de menos «que non haxa uns asientos». Más profesionales son los integrantes de una pandilla de Betanzos. Llevan viniendo veinte años al recinto y, por eso, su mesa tiene hasta mantel.
Los internacionales
Aunque los españoles son mayoría en el recinto, un rápido vistazo deja ver que algunos de los comensales han llegado desde más allá de las fronteras españolas. De Estados Unidos e Inglaterra son los comensales de una de las mesas. Se trata de un grupo de profesores auxiliares de conversación que viven en Pontevedra y que han venido hasta la fiesta en un autobús de línea. El viaje fue una aventura, pero ha merecido la pena. «De ninguna manera», explica una de las maestras, tienen viandas parecidas en su país, dice mientras degusta un mejillón. Les ha gustado, especialmente, el sistema de venta. Y, también, el hecho de poder comer a la misma hora que en su país, es decir, antes de las dos de la tarde.
Pero son si dudan los grandes grupos organizados los que protagonizan buena parte de las mesas. «Llegamos desde varios pueblos de Jaén. Somo un grupo de 53 personas», explica la portavoz. Llevan desde el miércoles alojados en Sanxenxo y hoy es su primer día en O Grove. «Lo estamos pasando de maravilla», dice otra de ellas mientras no deja de saborear una nécora. El resto, en cambio, se lanzan a por los camarones. Y todos prometen regresar por la noche. «Esta tarde volvemos, nos ha encantado», aseguran.
También los vecinos de O Grove tienen su hueco en el recinto. «He venido a esta fiesta todos los años desde hace cincuenta», explica José Fernández. Es de A Puebla y está acompañado de sus amigos de la localidad, que todos los años lo invitan por estas fechas. Reconoce que el certamen ha cambiado mucho, pero para mejor. «Antes no había tanto nivel», sostiene.
De todos los plantos disfrutan pequeños y mayores. Se afanan en abrir las conchas, en hacer equilibrios para que ni el arroz ni los fideos se caigan del tenedor y en saborear nécoras y camarones. El goteo de gente es constante y, a las dos de la tarde, todavía son muchos los autobuses y vehículos que hacen cola por entrar en el municipio. Pequeñas esperas hay también en las líneas de cajas, donde todos trabajan a marchas forzadas para que la venta sea algo inmediato. Y en los puestos de cocina hay quien espera de brazos cruzados, como los de los langostinos, y quien no da abasto. Las colas se concentran en el pulpo y en el arroz de mariscos, los platos preferidos.