San Roque nunca defrauda

andrea abal VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Se acerca el momento esperado. La gente se va amontonando alrededor de los camiones de bomberos mientras entonan los cánticos ya conocidos, forzando sus gargantas hasta el límite. Todos esperan por lo mismo, unos llevan toda la noche con las ganas, y otros acaban de llegar a Vilagarcía solo para poder disfrutar del momento más refrescante del día.

Lo que es difícil es llegar hasta cualquiera de los camiones de bomberos completamente seco. Caminar por las calles del centro requiere atención sobre todo a las alturas, ya que aunque lo intentes con todo el empeño del mundo, siempre hay alguien buscando una víctima con calderos, pistolas de agua o mangueras. Los hay que prefieren quedarse en el balcón y mojar a todo aquel que les dedica una canción y, si los convenció, reciben su premio: agua bien fresquita.

Poco después de las 12.15 horas llegó el gran momento: los cánticos sonaban más altos que nunca, las manos se alzaban y estallaban los chorros de las mangueras, cogiendo por sorpresa a más de uno, que no tuvo tiempo de refugiarse y recibió una gran cantidad de agua en toda la cara. Así es como la mayoría de ellos despertaban y dejaban atrás su pesada resaca.

La vestimenta era similar a la de años anteriores: desde peñas con sus camisetas, compitiendo por destacar con el mejor lema y con colores fluorescentes hasta los que llevaban puesto únicamente su bañador y un flotador, que nunca se sabe qué puede pasar. Otros aprovecharon para sacar sus mejores atuendos de carnaval y lucirlos por las calles vilagarcianas. Estuvieron presentes todo tipo de superhéroes, una comitiva papal, un grupo de tiburones, unas medusas y no podían faltar los Pamelas Anderson de la zona que, con sus pelucas rubias y su bañador ceñido, vigilaban que la situación no se desmadrase, aunque más bien eran ellos los que tenían que ser vigilados.

Cuando el cansancio fue tomando las calles, muchos buscaban donde poder llenar el estómago o un sitio donde poder tumbarse y recordar todas las anécdotas vividas durante la noche y la mañana, que seguro que no fueron pocas precisamente.