El lugar que vio pasar la historia

Susana Luaña Louzao
Susana Luaña VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

La configuración actual de la Plaza de Galicia no tiene nada que ver con la de sus inicios

11 ago 2013 . Actualizado a las 06:54 h.

Siempre estuvo ahí, pero su configuración actual nada tiene que ver con la de hace cien años. La Plaza de Galicia es un fiel reflejo de cómo se fue transformando y urbanizando Vilagarcía y cómo, primero con la desecación de las marismas y después con la llegada del progreso, la vieja Arealonga se hizo ciudad. Fueron tantos los cambios que sufrió, que resulta difícil reconocerla en las viejas postales.

Al principio no era exactamente una plaza. Como documentó el historiador Manuel Villaronga, su configuración primitiva estaba dividida en dos espacios. Entonces el agua cubría lo que hoy es Conde Vallellano, y a la antigua Plaza del Sol le seguían un grupo de antiguas casas que la separaban de la parte sur, donde había otra plazuela que primero se llamó De Lamadrid, luego Covadonga y más tarde Lepanto.

La original se bautizó inicialmente como Plaza del Reloj, porque desde 1838 albergaba el único medidor del tiempo por el que se guiaban los vilagarcianos. Pero con la construcción de la carretera de Gondar a Vilagarcía y la desecación de las marismas tuvo que ser retirado, como más tarde se retiró también el otro símbolo que las postales de antaño dejaron de la vieja Plaza de Galicia, la única fuente que daba de beber a la población y que más tarde fue trasladada a O Castro. Posteriormente el centro neurálgico de Vilagarcía albergaría un nuevo reloj, pero por esta costumbre de cambiar los muebles de sitio, tampoco está donde debería y tras años en el olvido, fue colocado no hace mucho en la plaza de la Constitución.

Urbanización

Hace cien años, coincidiendo con la fusión de los concellos de Vilagarcía, Carril y Vilaxoán, se planteó la urbanización de la plaza y se dieron los primeros pasos para su configuración actual. Unos años antes se había derribado la casa de la viuda de Cores, con forma de embudo que impedía el paso en el medio de la plaza. Luego, por razones de higiene, se acordó el derribo de otras casas más que había en la calle de Lepanto y que «desdicen el ornato del pueblo», como decía entonces el alcalde Valeriano Deza. Pero las cosas de palacio van despacio y las de Vilagarcía más, así que no fue hasta el año 1941 que la plaza, adoquinada y urbanizada, alcanzó las dimensiones y la configuración actual.

Mobiliario urbano

Otra cosa es el mobiliario urbano, porque por la Plaza de Galicia pasó de todo. Primero fueron los puestos de feria y el primer reloj que tuvo Vilagarcía, luego la primera fuente que evitaba a la población ir a buscar el agua al río, después el obelisco y su reloj de cuatro esferas... Y así hasta los años setenta cuando, como cualquier ciudad que se preciase, Vilagarcía tuvo su gran fuente luminosa. Luego vino la peatonalización, y de aquellos tiempos ya solo quedan algunos edificios históricos, como la zapatería Acosta o la casa de la droguería Salgado. Y por supuesto, desde hace cincuenta años, el carrito de Eladio.

Vilagarcía es la Plaza de Galicia y la Plaza de Galicia es Vilagarcía. Para lo bueno y para lo malo, en la salud y en la enfermedad.