Es A Illa una tierra de tradiciones. Un lugar donde las costumbres son ley y las fiestas resultan tan intocables como entrañables. Ayer se celebró una de ellas: el san Ramón. Cientos de familias tomaron la playa y el monte de Area da Secada para reunirse alrededor de una mesa y disfrutar de un buen condumio, la mejor de las compañías y muchas risas. Una cantidad ingente de risas. Desde primera hora de la mañana, y como manda la tradición, los más madrugadores acudieron al monte para marcar con cuerdas su área de parranda y desplegar la logística necesaria para conmemorar el evento: mesas, barbacoas... Y hamacas. Esas benditas hamacas que saben a gloria pura a la hora de la siesta. Por allí andaban ya con el despertar del día los primeros quintos, que a media mañana habían tomado la playa en tropel para depurar los excesos de una noche de parranda.
Al mediodía, la romería rondaba el lleno, alentada en buena medida por un sol de justicia que animó la participación de los isleños. La combinación de playa (¡qué playa la de Area da Secada!) y monte no resiste comparación si la meteorología acompaña. Y llegó la hora del condumio. Los más avispados, como cada año, gozaron de abundantes excelencias gastronómicas girando de mesa en mesa. Hubo de todo, como en botica. De la ensaladilla al churrasco. Pasando por los camarones, almejas... Y así hasta llegar a los postres, una de esas tradiciones que no se deben perdonar cuando uno acude al san Ramón.
A media tarde, la fiesta continuaba a toda máquina. La música y los cánticos regionales acudieron a algunas mesas como manda la costumbre, mientras más de uno se sacudía el calor entre baño y baño. Y así hasta bien entrada la noche. Así es el san Ramón, «a enchenta» perfecta. El anticipio impagable del Carmen.