A menudo el civismo del personal se mide aquí por la capacidad para alzar la voz contra la Administración. Si el monte da asco será porque el Concello de turno, la Diputación de aquí al lado o la Xunta omnipresente no hacen nada por evitarlo. Sin embargo, la miopía del voceador de sofá y televisor colisiona en este caso contra la más cruda de las realidades: la de montes y ríos plagados de residuos por nuestra propia mano. Algo impensable en un lugar mínimamente civilizado se convierte aquí en moneda corriente. Meter el sofá en el coche y transportarlo a alguno de los siete puntos limpios que funcionan en esta comarca exige mucho menos esfuerzo que devanarse los sesos y arriesgar el eje de las cuatro ruedas a través de pistas y descampados en busca de un rincón en el que vomitar. No hay vigilancia que valga cuando la basura se lleva dentro.