El efecto bumerán de PP y AGE

Serxio González Souto
serxio gonzález VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Hace apenas semanas, Marta Rodríguez y Juan Fajardo se veían renunciando a sus actas como ediles; ahora todo puede cambiar

27 ene 2013 . Actualizado a las 06:57 h.

Resulta curiosa la forma en la que el principio de una persona un cargo, con el que tantos quebraderos de cabeza provocó Pachi Vázquez en el PSdeG a la hora de confeccionar sus candidaturas, se ha ido contagiando al resto de las formaciones políticas gallegas. Hasta el punto de que, en virtud de un precepto que nadie ha escrito en ninguna parte pero todo el mundo se ha saltado a la torera cuando le ha venido en gana, se diría que existe una incompatibilidad casi ontológica para que un mismo personaje desempeñe dos puestos de representación pública a un tiempo. Esto, que puede parecer conveniente e incluso saludable desde la perspectiva del común de los mortales, no constituye sin embargo, ni de lejos, una práctica habitual entre la clase dirigente.

En Vilagarcía, como en tantos otros lugares, hay ejemplos sobrados de ello. El socialista Javier Gago compaginó durante cuatro años su labor como alcalde con su presencia en el Congreso de los Diputados. No solo no le sentaron mal los viajes entre la capital arousana y Madrid, sino que, muy al contrario, en la reválida de 1999 obtuvo su primera y única mayoría absoluta. La propia Marta Rodríguez Arias se bate el cobre indistintamente en el pleno de la capital arousana y en el Parlamento de Galicia desde el 2005, cuando fue elegida diputada por primera vez en las filas del PPdeG.

Tampoco Cambados es ajeno a este fenómeno. Baste recordar que José Manuel Cores Tourís, hoy delegado de la Xunta en el norte de Pontevedra, acompasó durante buena parte de su carrera política su labor en la alcaldía con un escaño en el Senado.

Todo esto no fue obstáculo para que, llevado por la fiebre del unicargo, el portavoz de Esquerda Unida en Vilagarcía se autoimpusiese hace meses una suerte de obligación: renunciar a su acta como concejal si finalmente resultase elegido diputado como cabeza de lista a las autonómicas por Alternativa Galega de Esquerda, como así ha sucedido. Celebrados los comicios de octubre, con el éxito conocido de la alianza entre los nacionalistas comandados por Beiras y la gente de EU, el abandono de la corporación municipal por parte de Juan Fajardo podría suponer un error estratégico garrafal para el futuro a medio plazo de su coalición.

Con un Partido Popular embarcado en múltiples y enfarragosas embajadas tras su retorno al poder municipal, y el resto de la oposición todavía en pleno proceso de recomposición, la formación que lidera Fajardo se ve con fuerzas para tratar de comandar, a partir del 2015, un gobierno progresista muy distinto del que entre el 2007 y el 2011 asoció a PSOE y BNG. Siempre, claro está, que los conservadores se estrellen con las urnas. La nueva proyección que el Parlamento otorga a su jefe de filas -la semana pasada relataba en estas páginas Domingos Sampedro el estupor que el agresivo discurso del diputado de AGE causó entre los miembros de la comisión de Economía- muy bien podría servir de plataforma para intentar el asalto a la alcaldía, calcula el personal de EU, sabedor de que sus muchachos se están desbrozando a machete un hueco propio en la jungla parlamentaria de Santiago.

Las carreras paralelas

En una situación parecida, aunque con un horizonte diferente, se encuentra Marta Rodríguez Arias. En su caso no es la alcaldía -a no ser que Fole decidiese retirarse- sino su proyección en el seno del PPdeG lo que está en juego. Hace apenas semanas, la consigna que emanaba de la cúpula de la gaviota gallega era la consagración a la labor orgánica y parlamentaria de la diputada vilagarciana. El organigrama resultante del congreso de Lugo, que concentra el poder de decisión en Feijoo, Alfonso Rueda, Agustín Hernández y la portavocía en Paula Prado, situando a los coordinadores como Rodríguez Arias un escalón por debajo, podría ahora modificar dicha prioridad. En definitiva, tal vez haya Marta y Juan en Vilagarcía para rato.