La empresa sigue manteniendo el cierre y la plantilla luchará contra él
15 dic 2012 . Actualizado a las 07:00 h.Después del anuncio de cierre de la fábrica de Cuca en Vilaxoán, ayer se celebraba la primera reunión entre la dirección de la empresa y los representantes de la plantilla. En ese encuentro la firma ratificó que su postura es inamovible: la planta vilagarciana echará el cierre. Pero si la postura de la compañía es firme, la de los trabajadores no lo es menos: «Seguimos apostando pola continuidade», aseguraban ayer. Sin ningún avance, por tanto, se cerró la reunión de ayer. La próxima cita será el martes, y se espera que entonces sí se produzca algún acercamiento de posturas.
Así las cosas, las trabajadoras inician hoy sus vacaciones con la vista puesta en el expediente de regulación de empleo previsto para el mes de enero. Las previsiones dicen que por Reyes podría entrar en vigor el ERE que la empresa pretende aplicar y que afectaría a 69 personas, todas ellas personal de fabricación. Por lo tanto, las mujeres se van de días libres sin saber si volverán a la fábrica. Muchas, de hecho, ya dan por sentado que, o mucho cambian las cosas, o la de hoy será su última jornada de trabajo.
Según explicaba ayer Luis Rodas, desde Comisiones Obreras, «para la empresa es una cuestión de rentabilidad y de organización». En cuanto al traslado de la plantilla a O Grove, la dirección «sigue manteniendo que en la planta de O Grove hay cabida para la maquinaria y el personal». Pese a estas promesas, el sindicato desconfía de que sea así, y da por sentado que el cierre de Vilaxoán supondrá la destrucción de al menos buena parte del empleo que generaba Cuca.
Las mujeres están dispuestas a luchar para evitarlo. Sostienen que la fábrica de Cuca es rentable y quieren que siga abierta en Vilaxoán. Allí, dicen, se trabaja la conserva artesanal y de calidad, la que se vende bajo las marcas Cuca y Massó. Y creen que eso no podría hacerse en O Grove, donde el proceso de producción es más industrial. Las trabajadoras se resisten al cierre de una fábrica que dio de comer, a lo largo de ocho décadas, a cientos de familias en Vilaxoán y en la que muchas de ellas llevan treinta años, o incluso más, trabajando. De su parte se han situado los vecinos de la localidad vilagarciana, que ven cómo se desmorona todo su tejido industrial.