Donde comer cada día es una celebración

CARLOS CRESPO JOSÉ LUIS VILANOVA

AROUSA

MARTINA MISER

Sería imperdonable caer en el error de limitar la oferta gastronómica de Casa Rosita a su reputada y merecida fama en la organización de banquetes y eventos. Cierto es que no resulta fácil dar con alguien en la comarca que no haya pisado en alguna ocasión sus salones y disfrutado de sus mariscos en una de estas celebraciones. Pero Casa Rosita es mucho más. Nosotros lo comprobamos esta misma semana y descubrimos nuevas propuestas que desconocíamos y que resultan muy a tener en cuenta.

La historia de Casa Rosita en Cambados se remonta a hace más de un siglo. Y esa tradición, desde luego, impone y pesa mucho a la hora de mantener el buen nombre y el prestigio que esta casa se ha labrado durante todo ese tiempo. Cuestión que en Casa Rosita se resuelve hoy con solvencia.

Aunque los avatares en su trayectoria han sido muchos y muy diversos -quizá el más trascendente fue el traslado a las nuevas instalaciones en 1993- el restaurante ha sabido mantener la coherencia y la calidad de su propuesta, fundamentada, como manda la tradición familiar, en una cocina que respeta los fundamentos de la sabiduría culinaria de la zona, con los mariscos y pescados como piedra angular. Acompañados de una letanía que se repite una y otra vez en la carta. «De la Ría». La centolla, las nécoras, los camarones, las vieiras, los salmonetes, el rodaballo o la lubina llevan ese «apellido». No así el rape, que procede de Marín. «Es nuestro compromiso, utilizar materia prima de primera calidad», nos dicen.

Incluso en el plato estrella de la casa, el salpicón de mariscos. «De cada diez comensales, nueve nos piden salpicón», nos confiesan. ¿Dónde está el secreto? les preguntamos. «En hacerlo siempre con marisco fresquito y pelado en el día», explican. Dos o tres mujeres dedican cada jornada buena parte de la mañana a esa labor. El resultado lo justifica. Comer este marisco -y no solo los recurrentes langostinos tan frecuentes en otros salpicones- a cucharadas supone un placer difícilmente comparable.

No deberá el comensal obnubilarse con el tentador marisco y dejar de lado la oferta de pescados. El rape a la plancha con un leve toque a la marinera resulta una de esas sencillas exquisiteces que justificarían por sí solo una visita a Casa Rosita. El rodaballo, el lenguado, la lubina o la merluza del pincho no le desmerecen.

Fuera de la carta es posible también encontrar algún plato que el mercado sugiere cada día. Conviene no desaprovechar la oportunidad si les ofrecen anguilas.

Tampoco conviene descuidar el probar la empanada de rape que allí se prepara, una delicatesen muy poco frecuente y que sorprende tanto por su textura como por su sabor.

En Casa Rosita tan apreciadas como el salpicón son las filloas que Mercedes prepara. Extremas en su finura e intensas en su sabor se sirven acompañadas de nata o miel. Aunque nosotros las preferimos sin más aditamentos. Por sí mismas se bastan y se sobran.

La oferta de Casa Rosita se completa con un hotel de ambiente marcadamente familiar de 55 habitaciones y dos salones de banquetes. Uno de ellos habilitado en el magnífico jardín que rodea la casa en el que no falta una capilla, una piscina cubierta y fotogénicos rincones, con fuentes, riachuelos, esculturas de Francisco Pazos y una nueva pieza que simboliza un corazón con dos asientos y que aspira a convertirse en el nuevo icono de la casa.

FICHA

LOCALIZACIÓN

Avenida de Vilagarcía, 8. Cambados. Tlf.: 986 543 477 www.hrosita.com

CIERRA

Domingos por la noche

MENÚ PARA DOS

Mariscada compuesta por centolla, cigalas, nécoras, camarones, vieiras y una tapa de pulpo á feira. Precio: 52 euros (bodega aparte)

QUINTA GENERACIÓN

Hablar de la tradición en Casa Rosita es tan obvio que casi sonroja. Ni José Ramón ni Rosa Montero, actualmente al frente del negocio familiar, son capaces ponerle fecha a la fundación del mismo. «Solo sabemos que fue nuestra tatarabuela la que puso en marcha una humilde fonda y una casa de comidas en Cambados». Después se hizo cargo de ella su hija Rosita, la que dio nombre al negocio, y más tarde la heredaron Milucho y Gardenia, a quienes sucedieron Javier y Mercedes, padre de los actuales responsables que suponen ya, por tanto, la quinta generación.