El riesgo de andar a última hora

Serxio González Souto
Serxio González VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

NACHO HORTAS

Aunque el PSOE de Vilagarcía mantendrá su influencia con Julio Torrado en el número 6, el proceso pudo acabar mal

09 sep 2012 . Actualizado a las 06:50 h.

Resultó cualquier cosa menos sencillo, pero la ejecutiva del PSOE de Vilagarcía mantendrá finalmente una importante cuota de influencia en la formación del puño y la rosa. Lo hará tanto desde el punto de vista orgánico, a través de Tania García en su calidad de secretaria de Organización provincial, como desde una perspectiva institucional, dado que, salvo descalostre sin nombre, el sexto puesto de la candidatura por Pontevedra garantiza a Julio Torrado su presencia en el Parlamento de Galicia tras las elecciones autonómicas del 21 de octubre. En ambos militantes descansa la sucesión de Modesto Pose, cuya retirada de la secretaría provincial de su partido, primero, y de la pugna por la lista, en el último momento, ha permitido esa renovación que tanto se invoca.

La decisión de Pose funciona a dos niveles diferentes. Uno de ellos es indudablemente positivo. El otro acabó bien pero pudo haber conducido a la dirección socialista local a un callejón sin salida. La parte luminosa de todo este asunto tiene que ver con las dimensiones personal y política del veterano líder del PSdeG. Modesto Pose se hizo a un lado de forma elegante, al trascender que su presencia en la candidatura por Pontevedra estaba a punto de desenterrar de nuevo el hacha de guerra interna cuando los comicios se olfatean ya en el ambiente.

Queda bien Modesto al evitar convertirse en un obstáculo pese a mantener los respaldos orgánicos suficientes como para haber planteado esta nueva batalla con garantías de llegar hasta el final. El medio millar de votos cosechados por Torrado en Vigo demuestra que los de Abel Caballero habrían respetado su compromiso de aupar de nuevo al exsecretario provincial a los puestos de salida. Por si fuese poco, quien no sale bien parado de todo esto es su principal detractor interno, nada menos que el candidato del PSOE a la presidencia de la Xunta, Pachi Vázquez, pues queda al descubierto la existencia de un veto por su parte hacia Pose, que este regatea al marcharse dejando al rival sentado y sin resuello.

Carpetazo al Senado

Pero, sobre todo, queda bien Modesto al rechazar de plano y calificar de «cambalache» la contrapartida que la dirección gallega del partido hace llegar a su puerta: el escaño de representación autonómica en el Senado que corresponde al PSOE como segunda fuerza en el Parlamento de Galicia a cambio de olvidarse de la candidatura. El oportuno gesto de Pose apunta a una idea de la gestión pública diferente del mercadeo de cromos y puestos tan frecuente y que tan mala reputación está arrojando sobre la clase política.

El tiempo que es necesario

Hasta aquí todo bien. Lo malo comienza cuando los tiempos se apuran de tal forma que la solución encarnada en Julio Torrado llega a ponerse en peligro. Puestos a hacer las cosas aprisa y corriendo, con el aliento de la convocatoria anticipada en el pescuezo, es comprensible que si el candidato va a ser alguien tan asentado como Pose se ahorren pasos y se den muchas cosas por supuestas. Pero si quien va a representar a la comarca es un joven de 30 años que se asoma a su primer cometido institucional, parece imprescindible una buena fontanería, un tiempo de trabajo y presentación, una cierta negociación, emplear siquiera una semana en ello. No fue así y el riesgo llegó al punto de que cuando la ejecutiva provincial se sentó el viernes a elaborar la lista, las opciones de Vilagarcía únicamente apuntaban más allá del séptimo lugar. Solo un duro posicionamiento a lo largo de más de cuatro horas consiguió meter a Torrado en los auténticos puestos de salida.

¿Y los críticos? Pese a que su estrategia funcionó en la comarca, al parecer Pachi Vázquez no intercedió a fondo ni por Javier Gago, ni por Cacabelos, Marta Giráldez o Jorge María. Solo lo hizo por Pablo García, su mano derecha, y Carmen Gallego, que irá en el siete. Así, con cal y arena, se escribe la intrahistoria.

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