Toda una miscelánea de seducción

Carlos Crespo, José Luis Vilanova

AROUSA

MONIC A IRAGO

25 ago 2012 . Actualizado a las 06:50 h.

Quienes sigan semanalmente esta sección saben de nuestra pasión por la búsqueda y el reconocimiento de la excelencia allá donde se tope. Detrás de una neumática estrella o bajo el toldo de un mercado. El principio es siempre el mismo. Precisamente el que de manera extraordinaria representan desde hace cuatro décadas las dos generaciones que se han hecho cargo de la pastelería Campaña de O Grove. Claro que lo de anteponer exclusivamente «pastelería» delante del nombre comercial, a la vista del actual negocio, es quedarse muy pero que muy corto, pero no adelantemos acontecimientos y vayamos al principio donde, como tantas veces ocurre, no solo se encuentra el germen sino la esencia de todo.

Y el principio, en este caso se sitúa, a finales de los 60. Manolo Campaña -hijo de panadero y pastelero- ejercía en el obrador del Gran Hotel de La Toja. Carmucha, su mujer, regentaba una pequeña tienda de alimentación en la que se servían, además, los dulces que Manolo preparaba en sus horas libres. La aceptación que tenían estas creaciones llevó al matrimonio a abrir en 1972 la actual tienda en la que combinaban pastelería y ultramarinos, tienda que con la llegada de los primeros supermercados orientó su oferta hacia los productos de calidad, sin saber que años después lo iban a llamar delicatesen. «Fueron unos adelantados a su tiempo», comenta Esteban Cabaleiro, yerno de los fundadores, quien junto a su esposa Mila González y a su cuñado Tito Bermúdez regenta el negocio desde que en 1998 Manolo y Carmucha decidieron que ya estaba bien de hornos y de mostradores.

Una y otra vez insisten los actuales responsables de Campaña que «lo que tenemos se lo debemos todo a ellos». Suyo fue el concepto, suyos muchos de los actuales proveedores y suya la sabiduría y el respeto que hoy se mantiene a la hora de elaborar lo que en la tienda se ofrece.

La fama de los dulces de Campaña supera con creces los límites de O Bao. Especialmente sus lazos de chocolate, sus incomparables milhojas -de intransferible receta- o sus tartas capuchinas y de Santiago. «El secreto es hacerlo siempre al día y, todo lo que se puede, a mano» confiesa Tito. En su elaboración no hay congelados ni precocinados. «Hasta para las empanadas compramos, pelamos y pochamos nosotros la cebolla», nos dicen. El resultado, desde luego, lo justifica y compensa.

La charcutería es otro de los puntales de la casa, con una selecta oferta de jamones, embutidos y quesos. «Procuramos buscar realmente la calidad y escapar de las marcas más comerciales. Y siempre que podemos, visitamos personalmente las fábricas», explican. Otra herencia.

Tras el mostrador, varias estanterías acogen la variada oferta de productos ecológicos (mermeladas, miel, verduras, cremas, pisto...) y una selección de conservas de marisco y pescado. Un expositor en el centro del establecimiento sirve para reverenciar productos gallegos de gourmet. Chocolates artesanos, dulces de Allariz, castañas, membrillos o conservas de cocido o de lacón con grelos.

La vinoteca ocupa por completo uno de los laterales de Campaña. Y no es para menos. Un centenar de referencias de vinos dan buena muestra del interés de la casa -y de Esteban en particular- por el sector. Priman los caldos gallegos pero si alguien quiere darse el capricho puede dárselo hasta con un Vega Sicilia Único. No menos sobresaliente es la oferta de aguardientes gallegos -dos estanterías completas- y la de licores.

Un consejo. Si deciden acercarse, entren, tómense su tiempo y déjense seducir.