Paraíso natural, rico banco marisquero y cobijo de miles de años de historia: eso es Areoso
21 ene 2012 . Actualizado a las 11:26 h.Los gallegos conocemos bien a los mouros, esos seres que vivían bajo el suelo -quién sabe si todavía lo hacen- y que cada noche salían de su escondrijo para comer, beber y danzar. A estas criaturas de pequeño tamaño que la mitología galaica ha identificado al tiempo con los constructores de los monumentos megalíticos y con los habitantes de los castros, no les pasó desapercibido el pequeño paraíso que emerge sobre el mar en pleno centro de la ría de Arousa, el islote Areoso.
Aunque no sabemos muy bien si esta isla era habitada permanentemente o de forma ocasional, ni qué había llevado hasta allí a sus pobladores, lo cierto es que hay abundantes testimonios de la presencia humana posiblemente ya en el cuarto milenio antes de Cristo.
Bajo la arena del islote que pertenece a A Illa se guarda una parte importante de la historia de Galicia. Algunos de esos restos han salido ahora de su escondite gracias a la labor de los temporales y las mareas. Quizás en el futuro continúen quedando al descubierto nuevos testimonios de vida de hace miles de años. Eso es al menos lo que los arqueólogos aventuran que pasará.
A pesar de que algunos de esos restos fueron saqueados de forma reiterada, está bien documentada la intensísima ocupación que registró en su momento este lugar. Buena parte de estos vestigios de la historia fueron estudiados en su día por un equipo de arqueólogos capitaneados por José Manuel Rey. Otros quedaron al descubierto recientemente en la parte noroeste de la isla.
La mámoa que ha salido a la luz con una cámara o dolmen en su interior es sin duda el más llamativo de los restos, pero no es el único. Otras dos estructuras megalíticas desconocidas hasta entonces quedaron a la vista por una circunstancia de la que, sin embargo, no hay que congratularse: la galopante erosión de la isla arousana.
Pero quienes habitaron o visitaron este territorio hace miles de años no solo dejaron su huella sobre la piedra. Caminando por los arenales de Areoso se detecta a simple vista, en varios lugares, lo que se conoce como paleosuelo, un sustrato fosilizado que ahora ha quedado a la intemperie.
Se localizaron también en su día restos de cerámica y dos punzones. Además, en la campaña de excavación dirigida por Rey aparecieron también huesos animales, concretamente de bóvidos, un suido (se conoce así a la familia de los jabalíes), y un ovicáprido, además de vestigios de fauna salvaje como una foca monje o conejos. Y, por supuesto, se ha detectado una gran presencia de conchas, sobre todo de ostra, mejillón y lapa.
La mámoa que ha salido a la luz es el más llamativo de los restos, pero no es el único