El conductor del bus municipal al hospital es un referente para muchos vilanoveses
10 dic 2011 . Actualizado a las 14:08 h.Hace dos años, nada más ponerse detrás del volante del autobús que recorre Vilanova, a José Ricardo Pérez le empezaron a llover las novias. A su flamante nuevo vehículo -por aquel entonces un furgón de nueve plazas- se subían mujeres y hombres que le recomendaban hijas, nietas y sobrinas que estaban en edad de merecer. Pero Riqui está casado. Y como no podía ser ni el yerno, ni el nieto ideal, quienes lo suelen acompañar en sus viajes Vilanova arriba, Vilanova abajo, lo han rebautizado ahora como «o pai dos vellos». «E aínda non sei se todos os pais se preocuparán polos seus fillos coma el se preocupa por nós». Quien así habla es Maruja, una vecina de Tremoedo de 78 años de edad que aprovechó la mañana de ayer para dar una vuelta por el mercado de Vilanova y por la plaza. Bajó a primera hora de la mañana, en el autobús de Riqui, y a las once y cuarto ya estaba lista para regresar a casa.
Como ella, un buen puñado de vecinos procedentes de todos los rincones del ayuntamiento. Algo más de veinte aguardaban ayer, cargados con bolsas y cestos, la llegada de los autobuses. Y es que los viernes el servicio se refuerza. «Hai mercado, e entón baixa moita máis xente», explica Ricardo. Él conduce ahora un vehículo de 17 plazas con el que hace el recorrido más largo, mientras un compañero se ciñe más al entorno de San Miguel y Corón. Ayer, a media mañana, ni siquiera el bus de refuerzo parecía suficiente. No es de extrañar que las cifras hablen de que, cada año, este servicio es utilizado por unos 14.000 usuarios.
Educación y respeto
El éxito del servicio llena de orgullo a su ideólogo, el alcalde Gonzalo Durán. Este atribuye los buenos resultados al hecho de que los viajes no paren en toda la mañana, a que la red se haya extendido a todas las parroquias y, también, al trabajo de los conductores, que han dado en el clavo en la forma de tratar a la gente. Ricardo se quita méritos de encima. «Normalmente, é xente moi maior, e hai que tratala con respecto e con educación, iso ante todo», dice. Y lo hace. Diligentemente, en todas y cada una de las paradas, el conductor se apea del vehículo. Y «chova ou vente, axúdanos a baixar, axúdanos a coller as bolsas, ata nos axuda a cruzar», cuentan las mujeres que ayer viajaban en el autobús de las once y cuarto. «E nunca ten unha mala palabra, nunca unha mala cara», ahonda otra en la cuestión.
Ricardo reconoce que trata de sonreír todo el tiempo, incluso cuando quien viaja a su lado comparte con él alguna historia triste. «Eu son como un cura. Escoito, intento consolar, e calo», explica mientras conduce. Por cierto, conduce bien. «Diso non temos ningunha queixa: nin frena que nos tire do asiento, nin arrinca que nos bote para atrás», sentencia Carmucha, reacomodándose en el asiento. Alsira, que hoy viene de hacerse una cura en una pierna, condensa el sentir general del autobús: «Os chóferes son buenísimos, este Ricardo máis. Eu son vella, que se non o fose, aínda me namoraba deles». Un coro de risas sigue a su alegato.
Ricardo ya está acostumbrado a escuchar estos piropos, y no oculta que le agrada recibir tanto cariño. «Pero é un cariño mutuo, que quede claro», sentencia. Su trabajo le ha reportado momentos duros. «Hai uns meses, un home que viña ao Hospital, ao chegar xa nin se deu levantado, tiven que levalo eu a Urxencias. Ao pouco morreu», recuerda. El Hospital fue el motivo de que naciese el servicio de autobús de Vilanova pero este enseguida se ha convertido en mucho más que en una línea a un centro sanitario. De hecho, Ricardo se siente orgulloso de haber sido el conductor que ha devuelto la libertad de movimiento a toda una generación de vilanovesas atadas a su casa por carecer de carné. «Había quen levaba cinco anos sen baixar a Vilanova, porque non tiñan como», explica como si aún no fuese capaz de creérselo. Maruja es uno de esos casos. «Eu ía de nova en moto, a vender. Despois deixei de ir... E agora outra vez. Co autobús gobérnome bastante ben». Otra mujer, bautizada como Rosa hace 93 años, también sube y baja de Ousensa al centro todos los días, disfrutando de una libertad de movimientos con la que, probablemente, ya no contaba.
El servicio es utilizado por unos 14.000 usuarios al año, según los datos del Concello
«Había quen levaba cinco
anos sen baixar
a Vilanova»,
narra Ricardo