Constructor, piloto, campeón

El ribadumiense Tino Iglesias sumó el domingo el título gallego de montaña al de autocross, y aún aspira al de rallies de tierra


vilagarcía / la voz

Absurdo sería citar a Sebastien Loeb como imagen para referirse a Celestino Iglesias Cores. La realidad del piloto ribadumiense dista un universo de distancia de la del campeonísimo francés de rallies. Claro que a sus 39 años, a Tino Iglesias conseguir lo que está logrando esta temporada supone alcanzar la gloria. El domingo, en la Subida á Pontenova, se proclamaba campeón gallego de montaña del Grupo A con un segundo puesto, tras imponerse antes en todas las pruebas precedentes del calendario. Un éxito que llegaba tan solo una semana después de conquistar el título autonómico de autocross. En este caso con dos triunfos parciales y cinco segundos puestos. Y dentro de quince días podría caer el cetro del Campeonato Gallego de Rallies de Tierra en la categoría de menos de 1.600, competición en la que ha ganado las dos primeras pruebas puntuables.

Iglesias, que también lucha por el que sería su tercer subcampeonato del Volante RACC del autonómico de rallies de asfalto, disfruta de su mejor temporada tras quince años en el mundo del motor. Los tres primeros, como copiloto de su entonces jefe en el desguace en el que trabajaba, y con el que llegó a alzarse con el primer puesto final en el Grupo X del Campeonato Gallego de Rallies de Asfalto de 1996, con un Citröen Visa.

Tras un año sabático, y después de montar su propio desguace en el polígono cambadés de Sete Pías, el campeón empezó a competir por su cuenta en el año 2000. Primero con un Peugeot 205, y después modificando un Citröen Saxo particular con el que aún hoy sale a correr. «Monteino para participar no Rali do Albariño», recuerda, «porque había un treito que pasaba a carón da miña casa. E iso, cando es novo, faiche nacer a afección».

Los posibles del ribadumiense eran los que eran, y no alcanzaban más de 10.000 euros con los que cubrir todo el calendario de rallies gallego.

Poco más pudo destinar en los siguientes años, en los que se tuvo que conformar con adaptar un segundo Citröen Saxo particular para ampliar su horizonte a la montaña y autocross.

Las alegrías no son gratis

Con la única alegría del título galaico de Eslalom del 2005 como precedente, hace cuatro años Tino Iglesias empezó a incrementar paulatinamente su inversión en su gran afición. Y así empezaron a llegar los éxitos. Subcampeón del Volante RACC del 2008 y 2009, y el título gallego de autocross del 2010, campaña en la que por primera vez se metió de lleno en competición estatal, finalizando séptimo en el Campeonato de España de Autocross.

«A clave dos resultados deste ano é que cada vez vas facendo un coche máis competitivo e fiable, que non se rompa nas carreiras», explica el piloto. Claro que «tamén foi a tempada máis cara que fixen», con un coste de unos 140.000 euros en los que incluye los 45.000 que le costó la compra de un Ford Fiesta R2 que ha usado en los dos rallies de tierra.

En ellos, como en los de asfalto, en los que usa uno de sus dos Citröen Saxo, Tino cuenta con su hermano Jorge como copiloto. Autocross y montaña no requieren auxiliar, y ahí el campeón se lo guisa y se lo come solo. Y por detrás, su hijo, tocayo del padre, que con 17 años se inició en el 2010, completando esta temporada el Gallego de Autocross.

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