El tren que O Grove no dejó pasar

Rosa Estévez
rosa estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Cándido Acuña cimentó un certamen que estuvo a punto de acabar en A Guarda

02 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

A Cándido Acuña Blanco (Pontevedra, 1905) siempre le gustó la buena mesa. Por eso, no es de extrañar que ese empresario, propietario de un pujante almacén de venta de vinos al por mayor, figure entre el elenco de padres fundadores de fiestas como la del Albariño o la de la Lamprea. «Un día, en su despacho, se giró y dijo, ?había que promocionar el marisco gallego?». Así lo recuerda su hijo, José Acuña, quien tanto tiempo después sigue teniendo fresca la memoria de cómo se gestó la Festa do Marisco que se celebra en O Grove.

Cándido Acuña conocía bien toda la provincia de Pontevedra, y no tuvo dudas sobre dónde se hallaba el Paraíso del Marisco. «Enseguida comprendí que O Grove era digno de una fiesta grande», confesaba hace tres décadas a los periodistas. A José Acuña no le sorprende que su padre tuviese tan claro que O Grove era el lugar natural para una celebración que girase en torno a los productos del mar. «A principios de los sesenta, cuando por trabajo íbamos allí, parábamos a comer en Casa Pepe, que eran amigos y clientes. Y mientras esperaban te ponían unas nécoras enormes para que te fueses entreteniendo».

Un «no» inesperado

Con fe ciega en su idea, en el año 1962 Cándido Acuña puso rumbo a la península meca. «Mi padre fue al ayuntamiento, y aunque al alcalde, el señor Búa, la propuesta le pareció bien, el secretario, que en aquel momento tenía un poder enorme, la rechazó totalmente», cuenta José Acuña, que fue testigo del «tremendo disgusto» que se llevó su padre. Fue tanto, que «algunos de sus amigos le dijeron que, en vez de hacer la fiesta en O Grove, se podía hacer en A Guarda, que tiene unas langostas muy buenas. Mi padre contestó que no, que lo iba a intentar una vez más».

Lo hizo, y para ello llamó a la puerta del pósito de pescadores. Allí sí vieron la importancia que unas jornadas de exaltación podrían tener para potenciar los productos del mar de O Grove. Ese apoyo, sumado al de los muchos amigos que Cándido tenía en la villa, fue suficiente para convencer al Concello y para que en 1963 se celebrase la «Primera fiesta de exaltación del marisco. Romería enxebre».

Habría de celebrarse esta en el mes de octubre, cuando se levantaba la veda. Cándido Acuña tomó parte en todos los preparativos. Su hijo reivindica que «fue él quien diseñó el símbolo de la fiesta, el centollo que abraza una taza de vino» y que, casi medio siglo después, continúa siendo un identificador de O Grove.

El programa de aquella primera edición incluía como principal atractivo un concurso-exposición de marisco vivo, un concurso de platos y la instalación de varios puestos para la venta de viandas. Además, en Casa Pepe se celebró una comida de confraternidad -230 pesetas costaba el cubierto- en la que se sirvieron camarones, salpicón de marisco, almejas a la marinera, vieira, pollo asado, flan y uvas. «Ahora ese menú puede resultarnos un tanto extraño para un evento de esa categoría, pero hay que pensar que en aquella época el pollo asado era un producto de lujo», recuerda José Acuña.

Un presente brillante

El tratante de vinos siempre confió en que la fiesta tendría continuidad. «Pero no creo que se imaginase en lo que se ha acabado convirtiendo», confiesa su hijo: una celebración multitudinaria, que atrae cada año hasta O Grove a más de cien mil personas procedentes de todos los rincones de la península Ibérica y de lugares aún más lejanos. Si la península meca había emergido como potencia turística gracias al tirón de A Toxa, con la Festa do Marisco acabó de consolidarse como un referente en todo el norte de España.

Con casi medio siglo a sus espaldas, la celebración que estos días se vive en O Grove ha cumplido con creces las expectativas que un día Cándido Acuña planteó a sus amigos mecos: promocionar el marisco y promocionar un pueblo al que se sentía muy unido.

Acuña Blanco estuvo vinculado al nacimiento de otros festejos gastronómicos

A principios de los sesenta concluyó que O Grove merecía tener su propia fiesta

El respaldo del pósito convenció al Concello de que aquella exaltación era una buena idea