Padre e hija comparten su pasión por el baile tradicional y ambos forman parte de la agrupación folclórica pontevedresa Celme, con la que recorrieron Europa
09 ene 2011 . Actualizado a las 02:00 h.Compaginar vida laboral y familiar con una afición es difícil, pero se hace más llevadero cuando todos comparten la misma pasión. Eso le ocurre a Rafael Martínez Fernández y a su hija, Sara Martínez Conde, que pertenecen al cuerpo de baile de la Agrupación Folclórica Celme. Además, Rafael Martínez conoció a su mujer, Pepa Conde Barros, también a través del baile. «Eramos veciños pero coñecémonos no centro cultural da nosa parroquia, Paradela, en Vilanoviña, (Meis)», explica.
Allí fue donde empezó a bailar sobre el año 1977, y en el grupo también estaba la que hoy es su mujer, que dejó de bailar poco antes de quedar embarzada de Sara, su única hija, «que leva o baile no sangue».
Rafael Martínez recuerda que uno de sus profesores en Paradela fue Enrique Domínguez, director de la agrupación pontevedresa Celme, antes de que esta se formara. Y cuando se fundó, allá por el año 1984, se integró en ella por lo que lleva desde sus inicios.
Además, con el propio Domínguez Lino y otro compañero, fueron los encargados de poner en marcha una nueva agrupación folclórica en A Estrada. «No ano 1989 chamáronnos dende o Concello para formar unha agrupación municipal, e alí estivemos uns tres anos. Logo, por cuestións laborais dos meus compañeiros, seguín eu só, ata o ano 2000».
En esa fecha, y por problemas de incompatibilidad con el trabajo, tuvo que dejar el folclore durante unos cinco años, aunque confiesa que «o botaba moito de menos». Por lo que, en cuanto tuvo una oportunidad, volvió a Celme.
Música y baile
Su única hija, Sara, comenzó a los seis años también en Paradela. «Apunteime a baile e tamén á Banda de música de Vertula, como a maioría dos rapaces que empezábamos». Y sigue manteniendo las dos actividades, aunque si tuviera que elegir, no lo dudaría ni un segundo y se decantaría por el baile. «Na banda tocaba o clarinete e paseime logo ao saxofón, porque faltaba xente nese instrumento». El grupo de baile se llamaba A roda pequena y también acudía con su padre a A Estrada.
En su vertiende de profesor, Rafael dice que le gustan los ensayos serios, «pero penso que non son duro», algo en lo que no está muy de acuerdo su hija quien entre risas comenta de su progenitor que «ten un xenio que... ¡coidado! Cando se está bailando non se pode estar a outra cousa». La joven no tiene ni un momento de duda a la hora de elegir su pieza favorita: «Unha muiñeira que se chama Carballesa».
A los 12 años, Sara ingresó en Celme, agrupación con la que, como su padre, recorrió toda España y media Europa -Portugal, Italia, Alemania, Francia, Holanda, Suiza, Bélgica...-, y ambos guardan un recuerdo especial de sus actuaciones ante grupos de gallegos en el extrtanjero. «En todos os sitios onde imos, trátannos de maravilla, pero os emigrantes son moi agradecidos, fannos un recibimento incrible e actuar ante eles é algo moi, pero que moi emotivo».
A Sara le gusta mucho viajar, relacionarse con sus compañeros y con los integrantes de los demás grupos. «Gústame coñecer outros países e outras culturas, pasámolo moi ben e facemos novos amigos». Luego se encargan de mantener esas buenas relaciones que tienen con diversos grupos de todo el mundo a través de Internet.
El grupo ensaya en el local social que tienen en A Caeira, Poio, los viernes por la tarde y los sábados por la mañana, aunque es bastante difícil juntarse todos, por las distintas obligaciones y trabajos de sus componentes. Sara, por ejemplo, acude los sábados, porque los viernes le toca la vertiente musical con la banda de su parroquia, y cuando coinciden actuaciones, toca elegir.