Días después de su dimisión, el ex edil socialista ha tenido tiempo de reflexionar sobre una situación que veía venir desde que hace un año fue apartado de la portavocía
09 ene 2011 . Actualizado a las 02:00 h.Como historiador sabe lo que son «los momentos puntuales» y que a veces son las pequeñas cosas las que determinan el futuro. Seguramente ha sido ese bagaje el que ha permitido que no le pillase desprevenido la polémica que le ha hecho dimitir -«En verano ya dije: 'La cuestión no es si repito, es si llego'. Hay cosas que se ven venir»-y que analice la situación con tristeza pero sin amargura.
-Lo veía venir, y sin embargo no hizo nada por evitarlo.
-No porque no era el tiempo. El tiempo fue hace un año en diciembre, cuando yo dejé de ser portavoz porque tampoco tenía el apoyo del partido.
-¿Y por qué cree que le faltó ese apoyo?
-Posiblemente porque yo no lo supe hacer. Errores los cometemos todos, sobre todo cuando se toman muchas decisiones, pero a la hora de asumir errores es evidente que hubo un error en la comunicación interna y en la comunicación externa. Está claro que fue un error, clarísimo. A pesar de que siempre fuimos favorables a explicar las cosas, a que los proyectos fueran conocidos por el PSOE.
-Es chocante que haya esa falta de comunicación con el partido cuando hay una persona, como Tania García, que es secretaria general y a la vez concejala.
-(Silencio). A ver, yo quiero hablar en general. El proyecto del jardín de Ravella se presentó públicamente en prensa, se comentó en una reunión del grupo municipal y pasó absolutamente todos los filtros que debe pasar un proyecto. No deja de ser curioso, porque cuando un concejal de Urbanismo dimite no suele ser por los motivos de la defensa de la Ley de Patrimonio. Y eso convierte a este tema en algo muy original.
-Original y paradójico que un historiador se vaya acusado de no proteger el patrimonio.
-Pero yo creo que el tema este surgió por ahí pero fácilmente podría haber surgido por otro lado. Lo que hay desde el gobierno es un proyecto de ciudad que políticamente no tiene alternativa. Un modelo de ciudad que se plasma en todos los trabajos hechos en el plan general, en el plan de movilidad, en la negociación acerca del Plan do Litoral, en muchos campos. Y sobre eso no hay una alternativa, ningún grupo político presenta una alternativa, lo que puede presentar son críticas, pero alternativa no. Entonces surge socialmente una alternativa que es de la nostalgia, de la vuelta al pasado, de añorar la Vilagarcía como perla de Arousa. Y no deja de ser paradójico que el gobierno que más hizo por el patrimonio cultural de este municipio tenga este conflicto, pero es porque hay una forma diferente de ver las cosas, tanto la ciudad como este caso concreto: en un lado está la nostalgia y en otro la modernidad. Y algo que surge como catalizador de una manera de pensar que es legítima, que yo creo que es conservadora, pero legítima siempre, acaba en un discurso político. Lo que se está construyendo es un discurso político conservador, de añoranza del pasado.
-Pero en la comisión que defiende los bancos de Ravella hay distintas ideologías.
-Hay gente que se identifica con distintas ideologías, pero la actitud ante esto es conservadora. Va contra todas las convenciones que existen en tema de patrimonio cultural. El patrimonio cultural no es fosilizar, y ese es un planteamiento de fosilizar la ciudad, de volver a lo que se ve en unas fotos antiguas. ¿Que allí hay distintas sensibilidades y que hay personas que se identifican con otro tipo de pensamiento? Bueno, pues que se piensen lo que están haciendo.
-En todo caso, había una situación de debilidad política que también incidió.
-Sin duda ninguna, claro que es un momento de debilidad política, sabiendo que la alcaldesa no se presenta. Cualquier problema al final se derivaba en la candidatura del PSOE, si fulano iba o no iba, y a nosotros eso no nos preocupaba.
-¿Se fue porque los suyos le dieron la espalda?
-Yo creo que la corporación lo que tiene es que reflexionar sobre una cosa, ¿sería posible llevar a cabo la ordenanza de las terrazas si no tuviese el apoyo unánime del gobierno? Y si esto es así en ese caso, ¿por qué en otros no? Son medidas de profunda reforma que por lo menos desde el grupo municipal socialista siempre tuvieron apoyo, y no tuvieron menos contestación. Evidentemente yo dimití porque el gobierno lo que hizo fue desautorizarme. Si yo me quedo en situación de minoría lo lógico es dimitir. No es la primera vez que elijo entre lo que yo pienso y lo que piensa mi entorno, soy persona de convicciones.