Estaba todo preparado para comenzar a operar, pero las asociaciones de mujeres decidieron dar marcha atrás en su idea de crear una empresa prestadora de servicios
12 dic 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El 5 de febrero del 2007, hace casi cuatro años, el Concello de Vilagarcía anunciaba la puesta en marcha de una iniciativa pionera llamada a revolucionar el panorama de los servicios sociales en la capital arousana. Quince asociaciones de mujeres de las dieciocho que entonces funcionaban en el municipio se unían para presentar un ambicioso proyecto: la creación de una cooperativa de servicios sociales.
Su intención era comenzar por ofertar asistencia domiciliaria, transporte y cuidados. Pero sus objetivos iban mucho más allá. Los colectivos de mujeres habían planteado la necesidad de crear en Vilagarcía un centro gerontológico integral, y su intención era gestionar este servicio. El proyecto llegó incluso a plantearse al entonces Vicepresidente da Igualdade e do Benestar, Anxo Quintana.
El primer paso que dieron las mujeres, con el apoyo de la concejala de Muller de Vilagarcía, Victoria Hierro, y bajo la presidencia de Dolores Carballo, estuvo encaminado a la formación de las participantes, a través de la organización de dos cursos, uno en el que conocieron las claves de funcionamiento de una cooperativa, y otro especializado en el cooperativismo en el ámbito de los servicios. A partir de ahí se redactaron los estatutos de la futura sociedad y se decidió que a la hora de trabajar se daría prioridad a las mujeres con mayor dificultad de acceso al mercado de trabajo. Mestura fue el nombre elegido para esta iniciativa que tantas expectativas creó en la ciudad.
En el mes de diciembre de ese mismo año 2007, el Concello de Vilagarcía, a través también del área de Muller, que continuaba en manos de Victoria Hierro tras las elecciones celebradas en mayo, organizaba unas jornadas sobre cooperativismo. Se anunciaba entonces que la empresa comenzaría a trabajar unas semanas después, en el mes de enero, y que su sede estaría emplazada en la antigua comisaría de policía, en la calle Castelao. Efectivamente, allí abrió poco después, y todavía continúa, la sede de Mestura. El inicio de su actividad, sin embargo, no cumplió esos plazos que se habían marcado.
Ámbito comarcal
Pese a que todavía no había comenzado a funcionar, en septiembre del año 2008 la presidenta de la federación de mujeres, Dolores Carballo, y la concejala Hierro anunciaron la intención de ampliar el ámbito de actuación de la cooperativa a toda la comarca. Carballo explicaba entonces que estaban ultimando todos los detalles para poner en marcha a lo largo de las siguientes semanas esta cooperativa de la que formaban ya parte cerca de cuatro mil mujeres: acababan de recibir un vehículo y esperaban disponer en breve de los documentos notariales que les permitiesen comenzar a operar.
Se habían configurado como una cooperativa de consumidoras y prestadoras de servicios y empezaría a funcionar ayudando a personas dependientes, proporcionando transporte adaptado a quienes lo necesitasen, como canguros de mayores y de niños, en la organización de ludotecas infantiles, y con un servicio de lavandería sobre ruedas y otro de comida a domicilio. Para todo ello contarían con el asesoramiento de profesionales. Por ejemplo, los menús que preparasen y sirviesen a domicilio estarían confeccionados por una dietista.
De esos servicios podrían disfrutar tanto los socios de la cooperativa como la gente ajena a ella aunque, como es natural, tendrían diferentes condiciones, más ventajosas para aquellas personas que fuesen socias. En todo caso, el objetivo de esta sociedad no era obtener beneficios. Las mujeres percibirían, como es lógico, un salario, pero lo que se recaudase a mayores, una vez descontados gastos y sueldos, se reinvertiría en la mejora de los servicios que se ofertaban.
Sin embargo, pese a que todo parecía estar perfectamente planificado para que esta empresa comenzase a prestar servicios, finalmente no fue así.
Su presidenta, Dolores Carballo, explica que la cooperativa no llegó a funcionar porque finalmente la socias así lo decidieron. Carballo relata que, en caso de ponerla en marcha, durante los primeros tiempos tendrían que participar como voluntarias, y muchas de las socias no estaban dispuestas a hacer ese esfuerzo. «Nos dimos de alta en voluntariado, pero al final no quisieron», dice. Porque aunque en principio la organización estaba pensada como una cooperativa sin ánimo de lucro, el planteamiento inicial sí era que las mujeres pudiesen cobrar un salario por el trabajo que realizaban.
A todo ello se sumó la crisis, que vino a estropear las ilusiones con las que las mujeres habían cogido este proyecto. Finalmente, decidieron aparcar esta iniciativa y centrar sus esfuerzos en otro tipo de acciones como el programa Rodela, de apoyo a las víctimas de violencia doméstica, o el banco de tiempo.
Hoy por hoy, la federación de asociaciones de mujeres descarta por completo poner en marcha la cooperativa. Pero, quién sabe, quizás lleguen tiempos más propicios. «La idea está ahí y se puede retomar en cualquier momento», concluye Dolores Carballo.