Me gusta bucear. Es mi pasión. Y me encantan los bichos grandes. Mantas raya, tortugas, delfines y, sobre todo, los tiburones. Cuando hablo de ello, mucha gente me mira estupefacta y me pregunta si no me da miedo estar en el agua con un animal tan peligroso. La verdad es que un pez tan grande y poderoso como el tiburón impone, pero no solo no evita que bucee en mares donde hay muchos, al contrario, los busco y organizo mis viajes con el objetivo de verlos. La realidad es que los tiburones comen peces, no hombres, y que aunque hay ataques, no son tantos si los comparamos con otros animales como los felinos, los cocodrilos, las serpientes o los escorpiones. Y las muertes que causan los mordiscos de tiburón al año son una guasa si las comparamos con el animal más peligroso para el hombre: el mosquito. Sí. Este sí que tiene peligro de verdad, porque transmite terribles enfermedades como la malaria o el dengue, entre otras. Y ven, del mismo modo que hago viajes de buceo con el objetivo de ver muchos y enormes tiburones, me da miedo viajar a países, como los del África subsahariana, en los que las posibilidades de contraer malaria son altas. El peligro, como todo en la vida, es relativo. Y también tiene que ver con nuestros miedos atávicos.