Los jóvenes preferían lo clásico

María Santalla VILAGARCÍA/LA VOZ.

AROUSA

Nacían en el año 2000 de la mano del entonces concejal de Xuventude, Óscar Rey; la primera edición no resultó nada mal, pero fue solo un espejismo. Pronto decayeron

27 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

En octubre del año 2000 el departamento de Xuventude de Vilagarcía ponía en marcha una iniciativa que entonces resultaba novedosa en la comarca. Bajo el título Noites Abertas se englobaban una serie de actividades cuyo objetivo era ofrecer una alternativa nocturna a los locales de copas. Las propuestas fueron diseñadas con la empresa Algalia, y se desarrollaron durante seis fines de semana. Pontevedra era entonces el referente más cercano en la organización de este tipo de propuestas.

El 20 de octubre se producía la primera cita con este programa que estableció su campo principal de operaciones en la plaza de A Peixería. Un taller de henna para poner a prueba la creatividad de los jóvenes fue la actividad inaugural. A continuación los chicos pudieron disfrutar de una sesión de bailes de salón o de alguna pachanga deportiva, mientras los que lo prefirieron participaron en la propuesta Murais na lúa, que consistió en realizar un mural que decoró la plaza durante los días que duraron las Noites Abertas.

Defensa personal, un taller de imagen y sonido, efectos especiales e incluso un cursillo de técnicas para ligar fueron las opciones que se les ofrecieron a los jóvenes vilagarcianos de forma gratuita durante esos seis fines de semana de octubre y noviembre de once de la noche a dos de la mañana,

Lo cierto es que los primeros resultados del programa fueron prometedores. Doscientas personas participaron en la primera velada y fueron 924 las que compartieron alguna de las propuestas de esa primera edición.

Cambio al verano

Así que dos años después, en el 2002, el Concello programaba una segunda edición, aunque en este caso se pensó que el verano sería la época más apropiada para ello. El concejal de Xuventude, que continuaba siendo Óscar Rey, argumentaba a este respecto que uno de los principales problemas a los que se habían enfrentado en la versión otoñal de las Noites Abertas había sido el frío, que en ocasiones incluso disuadía a los jóvenes de acercarse hasta A Peixería.

Por tanto, la segunda entrega de las Noites Abertas tuvo lugar en el mes de julio. Con otra diferencia todavía, puesto que se pensó que como los fines de semana la oferta cultural ya era suficientemente amplia, sería mejor trasladar este programa a otros días de la semana. Así que durante cuatro noches de aquel mes de julio se abrió la plaza de A Peixería para la celebración de talleres de henna, gomaespuma o velas aromáticas, para sesiones de cine o actividades musicales, y también para bailes de salón y torneos de baloncesto, tenis o dardos.

Todavía aguardaba una tercera edición de las Noites Abertas. Tuvo lugar en abril del año 2003 y se desarrolló durante cuatro fines de semana, viernes y sábado. Los viernes se dedicaron a actividades deportivas, juegos y manualidades, y los sábados a espectáculos musicales y teatrales. Se trató, en esta ocasión, de ofrecer una mayor variedad de propuestas, de acuerdo con la diversidad de edades de los participantes.

Fue el último intento. Las Noites Abertas cerraron ese tercer capítulo con el ánimo de ofrecer un cuarto, pero este no llegaría.

Desde entonces no hubo más Noites Abertas. La actual concejala de Xuventude del Concello de Vilagarcía, Ana Lorenzo, explica que esta propuesta dejó de ofertarse, ya años antes de su toma de posesión, debido a la baja participación de los jóvenes vilagarcianos. «Practicamente non ía xente. Aparecían tres ou catro persoas para cada actividade», dice la edila. De ahí que el departamento de Xuventude de entonces decidiese suprimir este programa y, quizás, esperar tiempos mejores para poner en marcha una iniciativa de este estilo.

La idea de las Noites Abertas había surgido para intentar demostrar a las nuevas generaciones que existen fórmulas para divertirse por la noche sin necesidad de tomar alcohol. El objetivo era encomiable pero el método elegido, a juzgar por los resultados obtenidos, estaba condenado al fracaso. La realidad demostró que, al menos en el campo del ocio, los jóvenes prefieren la oferta más tradicional. Desde entonces Vilagarcía se ha decantado, a la hora de organizar propuestas para los jóvenes, por las opciones más clásicas.