Pasión heredada por el ping-pong

La Voz VILAGARCÍA/LA VOZ.

AROUSA

Ñajo no quería imponérselo, pero sus dos hijos decidieron seguir sus pasos y dedicarse a un deporte que es todo un referente en la localidad de Cambados

30 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Antonio Garrido Ñajo Padín cometió un error común a muchos padres: «Dígale a sus hijos una cosa, que ellos probablemente harán todo lo contrario». Él nunca les presionó para que continuarán con su pasión, el tenis de mesa. Más bien, al revés porque «no quería que fuera una obligación para ellos por el hecho de jugarlo yo», apunta. Y sucedió, claro está, que tanto Fernando como Paula decidieron empuñar la pala y empezar a pasar la pelota por encima de la red ya en la más tierna infancia.

Fernando, el mayor, recuerda que le cogió el gustillo «por ver los partidos de mi padre». Sucedió cuando tenía alrededor de nueve años de edad y su primer entrenador fue Karol Hasek, que entonces defendía la camiseta del Establecimientos Otero y colaboraba con el club entrenando a los niños en la escuela de tenis de mesa del Cambados. Las lecciones debieron ser buenas porque Fernando disputó la pasada temporada la competición en Primera División y ya ha llegado a debutar en la División de Honor.

El hermano mayor, en otro axioma familiar, abrió el camino y por la rendija se coló la pequeña, Paula. Ella empezó en el ping-pong cuando casi no asomaba la cabeza por encima de la mesa y a las órdenes del rumano Fane Moraru, otro gran impulsor de esta disciplina deportiva por toda la comarca arousana. La benjamina también parece haberle cogido el truco a un deporte que es más complicado de jugar, de jugar bien claro, de lo que parece: el pasado fin de semana jugó el Top 12 Nacional en el Centro de Alto Rendimiento de Granada y concluyó en la novena posición a pesar de no tener demasiada fortuna en los emparejamientos.

¿Y cómo empezó el cabeza de familia con el tenis de mesa? Pues comenzó en los Salesianos cuando era un crío. Después lo dejó y no volvió a jugar hasta que finalizó sus estudios en el instituto. Ñajo recuerda que el ping-pong era el entretenimiento preferido de los chavales que se acercaban a las instalaciones de la Cultural, de ahí que haya cuajado de una forma tan importante en Cambados.

Todos los fines de semana

Ñajo está ya prácticamente retirado y disputa casi únicamente competiciones de veteranos. Pero eso, cuando puede porque el problema de tener dos hijos jugando, y que encima lo hagan bien, es que los desplazamientos se multiplican. «Desde agosto todavía no tuve ningún fin de semana libre», afirma. Y al calendario de la presente temporada todavía le faltan muchos capítulos hasta llegar a su punto y final. Todo muy distinto a cuando era él el que viajaba cada fin de semana por toda España para jugar.

Parece claro que el tenis de mesa se les de muy bien a los Padín, pero ¿cuál es el secreto? Fernando lo resume a la perfección: «Para jugar bien a esto hay que nacer. Hay quien entrena todos los días de la semana y nunca será un buen jugador y quien con menos esfuerzo tiene más facilidad», explica.

Ellos, por si acaso, continuarán practicando en el pabellón de Santo Tomé. Una instalación que tienen prácticamente a su entera disposición algo que, como recalca Ñajo, es todo un lujo y causa envidia en sus rivales.