El mítico galeón del tesoro de Indias

Jorge Lamas Dono
Jorge Lamas VIGO/LA VOZ.

AROUSA

El nombre del «Santo Cristo de Maracaibo» sigue estimulando la imaginación de cazatesoros y científicos trescientos años después de su hundimiento en un punto indeterminado de la costa gallega

30 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Tres bolsas con 123 kilogramos de monedas de plata es, según las fuentes inglesas, la única parte que fue salvada del gran tesoro que portaba el Santo Cristo de Maracaibo cuando se hundió. Ocurrió el 6 de noviembre de 1702, en algún punto de la parte exterior de las islas Cíes.

La historia de este galeón mercante empieza en Maracaibo, aunque su partida de nacimiento es más grande: Santo Cristo de Maracaibo, Nuestra Señora de la Concepción, San José y las Ánimas . Fue construido en 1687, y fabricado siguiendo las ordenanzas del gobierno de la Corana, bajo el reinado de Carlos II para correr la Carrera de Indias, el comercio oficial entre América y España.

Según Ignacio del Hierro Suanzes, en su aportación a Rande 1702. Arde o mar , era un galeón de propiedad privada, estaba armado con treinta cañones de hierro, tenía una eslora de 33 metros y cuatro palos de arboladura. El Santo Cristo tenía 500 toneladas de peso y podía transportar 900 toneladas de carga. Era el más grande de la Flota de la Plata. La primera vez que atravesó el Océano Atlántico fue en 1692. Sus propietarios habían declarado un arqueo menor del que poseía el barco para defraudar a la Hacienda Real.

El 24 de julio de 1702 emprende su último viaje desde La Habana, en la flota que mandaba Manuel de Velasco. La escolta estaba compuesta por la escuadra francesa, al mando de Chateau Renault. Aunque el destino original de la flota era el puerto de Cádiz, el temor a un ataque inglés obliga a Manuel de Velasco a desviarse hacia la ría de Vigo, adonde llega el 18 de septiembre de 1702. El 21 de octubre, la escuadra anglo-holandesa mandada por George Rooke entra en la ría y, al día siguiente, comienza la batalla.

Tras el fragor del combate, en la tarde del 23 de octubre, el capitán Baker, comandante del HMS Monmouth , felicita a su tripulación por la captura, en el interior de la ensenada de San Simón, del mayor galeón mercante enemigo. No fue el único navío español atrapado por los ingleses. La Santíssima Cruz , El Toro y el San Juan Bautista corrieron la misma suerte.

Tras varios días de saqueos, una parte de la flota, al mando de George Rooke, partió hacia Inglaterra. En su retaguardia, quedaba una flotilla dirigida por el almirante Cloudesley Shovell, que partió el 5 de noviembre. Antes de llegar a las Cíes, coincidió la subida de la marea y la calma del viento, obligando a los buques ingleses a echar las anclas para no volver al interior de la ría. Al día siguiente, el viento de nordeste obliga a Shovell a variar su intención inicial de salir por la boca norte. Los buques rodean por el sur San Martiño, pero hay marea baja y el Santo Cristo pesa demasiado. Toca en algún bajo y comienza a dar señales de zozobra.

A partir de este momento, entran en juego las teorías. Aunque el capitán Baker aseguró que el buque se fue inmediatamente a pique, Ignacio del Hierro alude a varios diarios de los marineros que contemplaron el accidente desde sus barcos para optar por varias horas de navegación antes de hundirse. La cuestión es clave para intuir dónde puede hallarse. Curiosamente, añade que la propiedad de este barco es de los herederos de José Regil y Juan Anselmo Regil, hijos del armador del buque a quien este dejó su herencia.