En las lavanderías se lavan los trapos sucios. En la de la asociación Lar Pro Saúde Mental se lavaba la ropa del Hospital do Salnés. Ya no. Llevaban haciéndolo desde que se abrió el centro médico. Pero ya no. Y no es porque lo hicieran mal. En absoluto. Es porque una empresa de Noia se ha ofrecido a hacer el trabajo por dos céntimos menos el lote de ropa de lo que cobraba Lar. La vida es así, dirán algunos. El capitalismo y los mercados autoregulándose son así, dirán otros. La vida es dura, diría una amiga mía. Y yo añadiría que, además de dura, es profundamente injusta. Por cosas como esta. Lar es una asociación en la que se da tratamiento completo e integral a personas con problemas mentales. De esas que la sociedad no sabe muy bien qué hacer con ellas. En Lar sí saben. Les tratan médica y psicológicamente y, cuando mejoran, les dan algo fundamental para que cualquier persona pueda salir adelante: trabajo y dignidad. Gracias a, entre otras cosas, la lavandería. Todo este proyecto se ha ido al traste por dos céntimos de miseria. Porque ni la Consellería de Sanidade ni la gerencia del Hospital do Salnés han tenido en cuenta que en esos dos céntimos de más estaba incluida la salud de muchas personas. La salud por la que se supone que ellos deberían velar.