Nadie se acuerda del «Prestige»

AROUSA

Mientras la fuga de crudo de EE. UU. sigue sangrando, en el Puerto de Vilagarcía tres lanzaderas continúan oxidándose

06 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El accidente sufrido por la plataforma Deepwater Horizon en pleno golfo de México amenaza con verter al océano una marea negra capaz de superar los negros récords que en su día establecieron el Exxon Valdez , frente a Alaska, en 1999, y el Prestige ante las costas gallegas, en el 2002. La tragedia que mantuvo en vilo a Galicia y al litoral cántabro, desde Bares a Arcachón, en Francia, escupió 40.000 toneladas de fuel. El resto, que se hundió con el maltrecho buque a más de 3.500 metros de profundidad, fue rescatado en parte gracias a la tecnología desarrollada para la ocasión por Repsol en aquel momento.

El hito tecnológico se tradujo en la construcción de cinco colosales lanzaderas que, descendiendo a través de una cadena, fueron empleadas a una profundidad inédita para rescatar las últimas 13.500 toneladas de fuel que el Prestige guardaba todavía en sus entrañas. Aquellos dispositivos impidieron, así, que el pecio vertiese su enésimo vómito de chapapote sobre el castigado litoral galaico.

Ahora que el desastre cometido por la compañía BP vuelve a desvelar los riesgos que entraña un sistema energético basado fundamentalmente en el petróleo, aquel logro desarrollado en astilleros de Vigo y Marín podría haber recobrado un justo protagonismo. Sin embargo, no es así. Tres de aquellas punteras lanzaderas construidas en Galicia siguen acumulando óxido en el Puerto de Vilagarcía.

La primera de ellas llegó a la capital arousana en octubre del 2004, casi dos años después de la catástrofe desatada por la errática gestión del Prestige . En un principio se trataba de un emplazamiento provisional, la oportunidad de resguardar durante unas semanas unos dispositivos de alta tecnología con los que nadie sabía muy bien qué hacer. Su estancia se prolongó, sin embargo, hasta convertirse en un destino prácticamente definitivo. Aunque especialistas estadounidenses han buceado en las experiencias del Exxon Valdez y el Prestige a la hora de abordar su propia marea negra, que se sepa nadie se ha acordado de las lanzaderas que, como si profesasen con ellos una soterrada afinidad, dormitan a la sombra de la subsede del cuerpo de Bombeiros do Salnés.

Los técnicos dirán si sus 21 metros de altura, su peso de 18 toneladas cuando están vacías y su capacidad de 300 metros cúbicos por barba tendrían algo que hacer el golfo de México (la profundidad de trabajo allí es menor, 1.500 metros frente a 3.500). Por ahora, nadie ha mostrado el mínimo interés en ellas.