La precaria situación del concello se espera que cambie a partir del año próximo gracias al edificio administrativo situado en la calle Cándido Acuña. La construcción de este inmueble le está dando muchos disgustos al alcalde José Antonio Cacabelos -de momento, le ha costado una imputación como presunto autor de tres delitos en relación al proceso de contratación de estas obras- pero supondrá también un alivio para acabar con la saturación que padece el consistorio.
Situado a pocos metros de O Corgo, el nuevo edificio está en condiciones idóneas para convertirse en una perfecta sede de servicios municipales. Cuenta con 912 metros cuadrados de superficie -el Concello tiene 700 metros cuadrados- repartidos en tres plantas; la distribución interior responde a las necesidades actuales de espacio, funcionalidad y seguridad y está adaptado para que accedan personas con problemas de movilidad.
Los usos concretos que se le van a dar al edificio están por concretar -el gobierno local ya ha hecho consultas a este respecto a los grupos de la oposición- pero sí están claras ya algunas ideas. Para allí se irá el departamento de urbanismo y los servicios sociales y en el concello se concentrarán las dependencias de carácter político e institucional.
El edil Carlos Álvarez ya piensa en la reforma que precisaría el viejo edificio y asume como acertada la propuesta del PP de ubicar el salón de plenos en la planta baja. Pero antes de todo ello todavía hay otras prioridades. La más inmediata es equipar el nuevo edificio administrativo, que está prácticamente rematado, y teniendo en cuenta que el grifo de las subvenciones ya no gotea tanto como con el bipartito en la Xunta, quizá haya que echar mano del presupuesto municipal para poder comprar las mesas y las estanterías. Lo que sí tiene claro el concejal del BNG es que la mudanza tiene que estar terminada en el 2011.