Veincuatro años al frente de una floristería dan para mucho, hasta para criar cuatro hijos; son veinticuatro inviernos, pero también veinticuatro primaveras
14 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Amelia Torres recuerda perfectamente en qué día abrió la floristería Arco Iris. «Fue en el 86, el 17 de mayo». A partir de ahí, las cuentas las hace en referencia al nacimiento de sus cuatro hijos. Pasaron ya 24 años desde entonces, y en la vida de Amelia hubo tantas flores como espinas. Su marido trabajaba en una empresa que en aquellos difíciles años de mediados de los ochenta sufrió una reducción de plantilla. «Él entonces tenía pensado abrir un negocio con un socio, pero yo le dije que si lo hacíamos tenía que ser algo que yo conociera». Y Amelia conocía las flores, porque las cultivaban en casa de su madre y las vendían en el mercado de O Grove. «Y abrimos la floristería». Primero fueron unos metros cuadrados en las galerías del edificio Arealonga que poco a poco se fueron ampliando hasta llegar a lo que es hoy el negocio, que ocupa cuatro locales que son propiedad de la familia. Reconoce que hubo años en los que se hizo mucho dinero, pero a fuerza de no disponer de un día libre. «Un domingo, a lo mejor pensábamos ir a la playa y mi hijo el pequeño decía: 'Que no llame Fina, mamá, que no llame Fina'. Fina era de una funeraria, y él ya sabía que si llamaba, había que trabajar, y no había playa». Nada más regresar a casa después de dar a luz al menor de sus cuatro hijos, que ahora tiene 19 años, tuvo que hacer en una noche nueve coronas que acababan de encargarle. Las funerarias Aunque la floristería está abierta al público y tiene muchos y buenos clientes particulares, vive fundamentalmente de las funerarias. «Llegamos a trabajar para Avión o Carballo. Ahora ya no, ahora O Grove, Rianxo, Caleiro o Sanxenxo. Antes trabajábamos para nueve funerarias, y ahora solo para cuatro». La crisis económica no impide que la gente se muera, pero aún así se nota el bajón en la floristería, que ahora se mantiene con el trabajo de Amelia y el de su hijo Carlos. «Hacía falta un repartidor y no se podía contratar a nadie, así que se puso mi hijo». Y a Carlos, que empezó Mecánica, los estudios le decepcionaron y decidió quedarse con su madre, que ya viuda, sigue al frente del negocio, capeando los malos tiempos del mismo modo que superó los buenos. «Hay algunas fechas que siempre se respetaron y se sigue vendiendo, como el Día de la Madre o Difuntos, pero otras, como por ejemplo el Día de los Enamorados, bajó mucho. Hay que tener en cuenta que la flor no es un artículo de primera necesidad, que es algo de lo que se puede prescindir». Arco Iris trabaja también para Interflora desde hace 19 años. Es la única floristería de la zona que lo hace. «Tenía mi hijo pequeño tres meses y me fui a Madrid para hacer un curso; pero compensa». Como dice Carlos, «es caro pero es un servicio rápido, y una entrada más de dinero que tienes». Y aunque el teléfono suena menos por la crisis, Carlos sabe que puede hacerlo a cualquier hora. «Te llaman a las seis de la mañana y te tienes que poner a hacer la corona, porque hay quien la tiene hecha y guardada en el frigorífico, pero luego la entregas y a las dos horas las flores están mustias. Y abrimos sábados y domingos. Yo, aunque salga de noche, ya sé que a la mañana siguiente tengo que estar aquí». Quizás por esa falta de previsión que caracteriza al negocio no le gusta hablar del futuro. «¿Cómo lo voy a saber si no sé lo que voy a hacer dentro de cinco minutos? Pero saldremos adelante». Ilusión no le falta. Y le arranca una sonrisa a su madre, que dice esperanzada: «El pequeño quiere hacer jardinería, así que quién sabe».