El padre recuperó los esquíes después de veinte años sin practicar este deporte para poder compartir la afición con su hijo
07 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Queda poco para que termine la temporada de esquí y Enrique Dios y su hijo apuran los fines de semana que les quedan para no faltar a su cita con la estación de Manzaneda. Una cita que se ha hecho habitual desde que el pasado año el padre recuperase su afición a este deporte, para poder compartirla con su hijo.
Él se puso sus primeros esquíes a los cuatro años. «Enfermaba mucho -cuenta- y mis padres notaban que al estar en la montaña me mejoraba la salud. Empezaron llevándome los fines de semana y como íbamos con bastante frecuencia a esquiar acabaron comprando un apartamento en Manzaneda». Si bien reconoce que la estación «ha mejorado mucho» y ofrece buenas condiciones y pistas con respecto a aquellos tiempos, recuerda que cuando era pequeño «siempre había mucha más nieve». Algo de lo que ahora está pendiente durante toda la semana consultando en Internet. «El problema en Galicia es que llueve mucho y en cuanto la cota está un poco baja, el agua acaba con la nieve», explica.
Dejó de lado la afición cuando empezó la carrera universitaria, sobre los 18 años y, a excepción de una escapada de un día, no volvió a enfundarse el equipo hasta el pasado año, en que su hijo Enrique disfrutó de la nieve por primera vez. «Me decían que era como andar en bici y yo no me lo creía, porque te ves con veinte años más y la nieve no es una broma... Pero realmente tenían razón -apunta-, es algo que no se olvida. Me puse los esquíes y enseguida estaba bajando, como si nunca hubiera dejado de esquiar». También ese día fue muy especial para su pequeño. «Quería que aprendiera y por eso he vuelto, si no, a lo mejor no me hubiera atrevido -insiste-. A él le apunté con un monitor y a la hora ya hacía la cuña. Después, a las dos horas, los giros con cuña, así que ya me dijo que bajaba hasta la estación esquiando. Y fue duro, pero lo consiguió. Desde entonces, siguió esquiando un montón», dice.
Enrique hijo dice que su pista favorita en Manzaneda es «la refugio» y que le encanta la sensación de deslizarse por la nieve «en una cuesta grande», aunque reconoce haber tenido sus contratiempos... «Una vez choqué contra un árbol», ríe. También añade que esquiar «produce apetito», a lo que su padre agrega que no solo se trata de disfrutar del deporte «y de los giros», que también, sino que «el contacto con la montaña es sano y hace frío, pero sienta bien; vuelves relajado después de cambiar de aires». Además del esquí, al pequeño Enrique le encanta deslizarse en trineo, pero hay otros deportes que le cautivan, como el balonmano -juega en el Cisne- o el tenis, que suele practicar de forma continua en verano.
En este mes de marzo suele acabar la temporada de esquí, y Enrique tiene en mente poder viajar antes de que termine con la familia a Leitariegos (León), si hay buenas condiciones. «No es mejor estación que Manzaneda, pero tiene más nieve», añade. «La nieve hay que aprovecharla, hoy hay y mañana llueve o hay placas de hielo -apunta-. El año que viene me gustaría ir a otros sitios con él, como Sierra Nevada», añadió. Afirma sin dudarlo que el gustazo es esquiar los días de sol y buena nieve, aunque en Galicia «no hay tantos». Y no cree que ahora haya más afición que antes, «pero sí muchos más snowboards» con los que no todo el mundo tiene la necesaria precaución.
Los equipos son caros, pero en lo que se refiere a las botas y los esquíes, Enrique cree que vale más la pena alquilarlos, sobre todo si se viaja fuera. «El año pasado utilicé los que tenía desde hace veinte años, pero en este los alquilé. En el caso de los niños, con lo que les crece el pie, es mejor alquilar».